ADELA DONADIO

Adela Donadio: Esto-vi en 2017

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Gestora cultural, directora de teatro y docente. Directora de las obras El problema del mal, Un dios salvaje, Las burguesas de la calle menor, entre otras. Dirigió la Casa del Teatro Nacional y la Escuela de la Casa del Teatro. Fue subdirectora artística del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá hasta 2010, y se desempeñó como Subdirectora de Equipamientos Culturales del Idartes; hoy hace parte del cuerpo de profesores de la Carrera de Artes Escénicas de la Universidad Javeriana.

HotSpot: Migraré, Migrarás, Migrarán: Delohumano (Colombia) y Projecte Vaca (España) / Dirección: Javier Gutiérrez / Coordinadora de la dramaturgia colectiva: Daniela Palmieri / Diseño extendido de la pieza: Alexander Gümbel

Las piezas interdisciplinares en las que piensa Javier Gutiérrez y los artistas que hacen parte de ellas, reflejan clara y directamente posturas políticas frente a los temas y situaciones que eligen y a éstas corresponde una estética que conecta diversos discursos y formas propias de la escena con materiales de otras fuentes como el discurso de los medios, las crónicas periodísticas, los testimonios directos, los diarios del trabajo de campo y la narración audiovisual. Poco se conoce, se sigue y se valora el trabajo creativo de Javier Gutiérrez y Alex Gümbel en nuestro medio, tal vez porque los dispositivos escénicos que resultan de un trabajo tan admirable de ensamblaje estético-político no pueden conservarse y repetirse como se hace con otro tipo de formatos. Sin embargo este comentario breve tiene como objetivo hacer un reconocimiento importante al trabajo que de manera continuada viene haciendo Javier, con sus equipos porque sus propuestas son el resultado de investigaciones estético-políticas de lo “real”, con la metodología de una “creación en acción” como la definen, que implicó en este caso el viaje como trabajo de campo hacia lugares “hitos” en las migraciones europeas como son Lampedusa (Italia), Calais (Francia) y Linz (Austria).  La pieza que pudo estrenarse en Colombia gracias al Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, en el mes de Junio de 2017, contó con la Ayuda a la producción de espectáculos de teatro y circo Iberescena, (2015-2016) y con la Beca de Dramaturgia Teatral 2016 del Ministerio de Cultura. Considero que HotSpot instaura un diálogo con el espectador y lo interpela desde los diversos lenguajes que integra. El público se mueve en un espacio que le permite escuchar a través de audífonos los testimonios, los relatos, y los datos y está en una zona fronteriza frente a los materiales que se le presentan, entre desorientado, bombardeado, sobrecogido, aterrado, involucrado, distanciado, y escucha cada tanto la pregunta: ¿Qué está pasando en tantas fronteras mientras estamos aquí? Una experiencia conmovedora y fuerte, contundente y reflexiva, sobre la migración y sobre las mujeres que en estas circunstancias han sido tan vulneradas. Hay mucho por decir de esta pieza, que me ha causado profundas impresiones  y una gran admiración por quienes la hicieron posible, pero a través de mis palabras me propongo invitarlos a seguir los próximos proyectos de estos creadores.

Noche Oscura, lugar tranquilo: Grupo Móvil / Dramaturgia: Carlos Enrique Lozano / Dirección: César Badillo

Ganadora de la Beca para montaje de dramaturgias colombianas del Ministerio de Cultura 2017 y del Premio Nacional de Dramaturgia 2015. Muy bien recibidos los dos reconocimientos y sea esta la ocasión para aplaudir este proyecto del Ministerio que significa un estímulo para que las obras colombianas contemporáneas tengan vida escénica. Considero que este  montaje representa todo un reto para el equipo de creadores, para Coco (César Badillo) el director, para Felipe Vergara y Liliana Montaña, y adivino que también para el otro actor Santiago Londoño. Un reto, un ponerse en crisis en relación a teatralidades diferentes a aquellas que fueron sus fuentes y sus fuertes en largos años de carrera teatral. Y el desplazamiento de lugar conduce a resultados excelentes. La obra escrita por Quique Lozano es una pieza con grandes cualidades e invita a vivir el viaje de las crisis, las personales y las sociales, tejidas a través de tres personajes que para mí logran ser muy representativos a nivel colombiano y universal: la pareja conformada por un escritor y su esposa que tiene un negocio propio, unos personajes que nos resultan familiares desde que comienza la obra, y el encuentro con el cuidador de la finca, un emigrante latinoamericano desclasado con un pasado sorprendente y quien en el encuentro de los tres resulta ser el poseedor de una sabiduría diferente y quien detona las crisis de la pareja, la de cada uno y termina viviendo un episodio más de la suya propia. El lugar tranquilo es sobretodo un lugar de aislamiento, de alejamiento de lo conocido y espacio detonante de conflictos. El carácter de experiencia profunda que ofrece la obra fue muy bien captado por el director y por los tres intérpretes, que invitan al público a presenciar de manera progresiva la ruptura con lo que sostenía sus propias existencias. Todo el tiempo se tiene la sensación de las tensiones y de un sutil subtexto que anuncia tormentas que van a ir apareciendo desde el interior con todos los matices que las situaciones van planteando. Muy bien lograda la progresión interior y la explosión exterior de cada personaje en su momento, muchos matices interpretativos con la debida distancia para no caer en el melodrama, bien explorados los momentos de verdad, juego y complicidad en las relaciones, humor fino y a veces directo y un final que es toda una culminación poética de las crisis en un viaje de ayahuasca. Todo en un espacio reducido con elementos mínimos que generan el espacio doméstico, y a la vez crean la experiencia de un afuera inmenso; la noche, el infinito, la huida, el vacío.

Laurita y la tetas: Dramaturgia: Juan Pablo Castro / Dirección: Juan Luna

Si bien todas las situaciones de la obra se tejen en torno al cáncer de mama que sufre Laura, una actriz extranjera que está en Bogotá, sin trabajo y siguiendo a su pareja, lo más interesante del texto es cómo aparecen tantos otros temas y voces que gravitan en torno a la enfermedad y la muerte. Destaco la calidad del texto, cómo evita el sentimentalismo, cómo vuelve profunda la vivencia de ella con el relato paralelo que es una grabación para un radio teatro, pero elaborada desde lo onírico y lo surrealista con elementos psicoanalíticos. El dramaturgo tiene ya maestría en la construcción de la estructura, las relaciones, el juego de voces contrastantes en posturas y modos de hablar, la introducción inesperada de un habitante de calle en el justo momento en que hay que dinamizar la relación de Laura, su pareja y un antiguo amante, para darle voz a los portadores de otras visiones e historias personales. Disfruté y admiré el trabajo conjunto de dos jóvenes que conocí trabajando con Pedro Salazar hace unos años. Qué bien esta especie de transmisión generacional del teatro. La puesta en escena en todos sus aspectos es cuidada, construida momento a momento, con una escenografía muy pensada y poco protagónica, porque acoge bien la dramaturgia escénica del director. Los tres actores y la actriz tienen experiencia y responden bien a las exigencias de la puesta en escena, cada uno en su rol y creando contrastes, registros propios y momentos muy conmovedores.

Auxilio & Socorro: La Grupada Teatro / Dramaturgia: Dayan Rozo y Jorge Pineda - Creación Colectiva a partir de textos del escritor cubano Severo Sarduy / Dirección: Dayan Rozo

Dayan Rozo, Jorge Pineda y Paola Abril, corren el riesgo de la adaptación escénica de algunas obras del escritor cubano, Severo Sarduy entre ellas su novela “A dónde van los cantantes? y hacen posible la comunión entre el teatro y la literatura. No son únicamente intérpretes, sus puestas en escena parten de preguntas e inquietudes muy válidas y a éstas corresponden investigaciones profundas y complejas, en lo teórico y en lo escénico. En este caso indagaron en profundidad lo que quiere decir el “barroco latinoamericano”. El resultado escénico de esta adaptación es de alto nivel. Las decisiones estéticas son coherentes, contundentes y en concordancia con la pregunta que dio origen al montaje y a la escogencia del autor, sobre qué significa o qué sentidos podemos encontrar para la identidad latinoamericana. Llevar un concepto y un lenguaje a la escena, traducirlo en ambientes carnavalescos y festivos, entrar al universo de la exageración y lo abigarrado y saberse en los abismos de la marginación, son dimensiones que los tres intérpretes consiguen conjugar y armonizar en escena. Fieles a los rasgos del barraco y al universo mismo del escritor, logran crear un espacio escénico “invadido” de plantas, en medio del cual con percheros, un tocador de camerino y elementos coloridos, van creando un verdadero teatro para “hacer teatro”; el de la representación trágica-cómica de la vida misma de los protagonistas siempre a punto de marcharse, pero anclados en sus destinos; y los espectáculos ofrecidos al público en el Teatro Lírico de Muñecos. Este ir de una dimensión a otra hace parte de un juego actoral muy justo y muy creíble. Si bien habitan en la parodia y la simulación, hay un sutil distanciamiento de los intérpretes, que nos deja ver esa especie de conciencia sobre lo que hacen y el por qué lo hacen. Es uno de los aspectos que más destaco de este montaje, unas interpretaciones, que sin desconocer el registro de la desmesura e ir a los extremos, no se exceden en deleites de la formas asumidas, sino que transitan por ellas, asumiéndolas con frescura y conciencia de las formas mismas, en un juego de identificación – desidentificación, apego y desapego de los géneros, en un montaje muy próximo a lo performativo.

Kassandra: La maldita vanidad / Dramaturgia: Sergio Blanco / Dirección: Jorge Hugo Marín

Hay obras que se engrandecen gracias a las interpretaciones y éste es justamente el caso de la Kassandra de Ella Margarita Becerra. “ Kassandra –tanto el personaje como la pieza- son un homenaje a la poesía, a la metáfora, a la transfiguración que todo acto de escritura permite. Kassandra no habla de otra cosa más que de la transubstanciación a la cual conlleva todo intento de relatarse a sí mismo, es decir todo acto de poetización de sí: el milagro de la conversión” afirma el autor en un artículo publicado en www.revistatemporales.com y que se titula La autoficción: una ingeniería del yo.  El personaje de la obra es a la vez prostituta, travesti, con cuerpo de hombre y sueños de ser mujer. Ella y Jorge Hugo hacen una puesta en escena muy justa,  que se centra en el cuerpo de la actriz y en una presencia que logra reunir todas estas ambigüedades de género como si estuviera transfigurada. Lo hace con tal credibilidad y naturalidad que se borra la frontera de la representación y de la construcción de un personaje y se crea una experiencia teatral, muy cercana al performance.  Ella logra una conexión muy profunda con este monólogo que está escrito en un inglés precario, como lo exige su autor, porque es el indicio de la precariedad del lenguaje de los emigrantes, pero a la vez una escritura que torna poética esa misma precariedad. Y con frases muy cortas, casi balbuceos el relato viaja del pasado al presente y subvierte los mitos griegos, con humor e ironía. Muy bien lograda la continua interpelación al público, que desde el comienzo es invitado a participar y a estar ahí, muy atenta al relato tragicómico, y a esas transiciones en las cuales el personaje vive su propias transmutaciones y las exhibe. Que bueno que La maldita vanidad haya escogido este texto de Sergio Blanco. Buen reto para el grupo.

Grises: La Tribú teatro y La casa del silencio / Inspirada en Acto sin palabras II de Samuel Beckett / Dirección: Juan Carlos Agudelo

Esta obra tiene dos partes. La primera está basada en Acto sin palabras II y mantiene su esencia, pero no la partitura exacta de acciones, ni tampoco es fiel al dispositivo. Está elaborada con una precisión de relojería en las acciones, en los gestos y en las secuencias que propone. Los dos actores no tenían, ni el entrenamiento, ni la formación que exige esta teatralidad y es admirable lo que hicieron de la mano del director; trabajar minuciosamente la partitura de acciones y movimientos, la secuencia de un gesto, y la expresividad clownesca. Momentos muy conmovedores recreados con gestos y lentitud, en un ritmo y tiempo sin lógica, en un espacio desolador y vacío. Muy bien recreados los dos personajes en sus contrastes y desde esa metáfora de la pareja (como en Esperando a Godot) tan propia del autor. Pasan de los estados de angustia a lo cómico, sin dramatismos y fluyendo con desapego, desapego muy existencial, social y beckettiano.  La segunda parte es totalmente inventada por el grupo y en ella la pareja en la significación metafísica del “uno y el otro”, en una soledad acompañada reproduce sus rutinas más cotidianas en el interior de una “casita” que ha estado cubierta por un plástico negro y que ahora descubren y desplazan los actores mismos para entrar en este segundo acto, también sin palabras.

Esa casa es diminuta y crea una distorsión entre el tamaño de los objetos domésticos, el espacio muy reducido y los dos actores, que es un dispositivo ideal para trabajar algo también muy beckettiano, como es la inutilidad de la acción y la frustración cotidiana de no lograr nada por más que lo intentemos, como lo plantea el actor en Acto sin palabras I. Tanto la distorsión como la imposibilidad de completar las acciones van creando esa triste comedia de lo cotidiano. Tanto en la primera como en la segunda parte se recrean muy bien los personajes marginales y excluidos que viven en el límite, sólo que en la segunda parte son más familiares para una audiencia colombiana, porque si bien no hay nada ilustrativo, los referentes, por ejemplo los objetos de la “casita”, son reconocibles. Un reconocimiento para el director y para los actores Rodrigo Hernández y Julián Santamaría por permitirnos experimentar la poética del autor en esta versión tan propia de ustedes como equipo creativo.

Dormida/Mujer/Muerta: Teatro Vreve / Dramaturgia y dirección: Víctor Viviescas

Las obras de Víctor Viviescas implican desafíos enormes para los intérpretes y para el público invitado a participar en una experiencia de los límites y con los límites, del tiempo, del lenguaje y de la teatralidad misma. Justamente ahí está su valor y por esos los invito a verlas ahora en la sede del grupo en el 7 de Agosto. En Dormida/Mujer/Muerta el lenguaje es desbordado, rico en metáforas, alusiones, conocimientos, expresiones sensibles y profundas, metalenguajes e igual inclusión de lo coloquial. Todo lo que sucede con la mujer-dormida-muerta que aparece como una maja vestida de rojo sobre un sofá verde chillón interesa al espectador desde el primer momento. Una amante rusa de un tirano criollo o un mafioso de estas latitudes, que está muerta o dormida. Está muerta. Sólo que el sueño y la muerte se asemejan. La mujer dormida tiene una gemela que viaja desde la estepa y viene a ocupar su lugar y su aparición es inexplicable. Son Irina y Karina. Todos los personajes tienen unos rasgos muy grotescos y paródicos, menos la hija del mafioso-tirano que es representativa por su lenguaje y esto marca la diferencia. Representan roles en el entramado del poder, la violencia y la opresión, la nuestra colombiana y la de otras latitudes. Hay una tensión que se va construyendo en el montaje: entre el adentro cada vez más blindado del poderoso y el afuera amenazante de los violentados. Una tensión creciente. Pero la obra está siempre más allá de la anécdota y se inscribe con imágenes, citaciones y otros discursos en una dimensión casi apocalíptica del desastre social, político y ecológico del mundo. Muy refinada en su lenguaje, en el entrecruzamiento de géneros y en la construcción de discursos paralelos.

Círculos/ Ficciones: Colectivo Mukashi Mukashi / Dramaturgia: Jöel Pommerat / Dirección: Fabina Medina

Este  montaje lo vi en el estreno en el mes de mayo y luego intenté repetirlo para terminar literalmente de atar cabos. No lo logré. Esta Beca de Creación Multidisciplinar del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y el Teatro Jorge Eliécer Gaitán sólo hizo las cinco funciones que exige la beca en las dos salas, pero esperemos que vuelva a tener una temporada.  Y digo atar cabos porque la narrativa de Pommerat es un recorrido por ocho historias y quedan muchas preguntas por los vínculos entre ellas. De las historias que más me impactaron está la de una familia aristócrata de comienzos de siglo y las relaciones con los criados que cambian de modelo, y una historia conmovedora entre criada, patrona y el bebé de ésta. Uno de los saltos en el tiempo es al medioevo, con un caballero andante que se cuestiona su época. Y es magistral la reescritura de Macbeth: un joven ejecutivo que se encuentra con unas indigentes que predicen su ascenso. Hay otras historias más cercanas en el tiempo, cuya dramaturgia no me llegó tanto. Fabiana Medina hizo una muy buena dirección de todos los intérpretes que fueron ocho, representando a 57 personajes. Todo un desafío. Y la obra logra crear en un círculo de luz, atmósferas y escenarios propios de cada época histórica montados muy ágilmente y se siente el viaje en el tiempo. Las escenas están cargadas de tensiones, que a veces provienen del afuera y a veces están en las relaciones y en eso profundizan bien los actores y actrices. En cada escena hay una encrucijada, un dilema humano que impacta profundamente.  Fabiana es una directora muy minuciosa, cuidadosa de cada detalle de la escena, refinada y que logra ir en profundidad en el abordaje de las piezas que escoge que son complejas y desafiantes para los intérpretes y para el público.

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