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¡Así vamos!

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Durante el mes de abril de 2020, invitamos a nuestros lectores a que nos contarán ¿Cómo estaban? ¿Cómo han afrontado esta coyuntura desde lo teatral? y ¿Qué reflexiones tienen al respecto? Deseamos saberlo. Queremos que este espacio también sirva para escucharnos, quejarnos, gritar, maldecir, animar. Solo nos llegaron 4 textos escritos por artistas y organizaciones, a quienes agradecemos enormemente habernos compartido sus palabras, que ahora compartimos con ustedes, en el ejercicio que Kiosko Teatral ha realizado por más de 8 años, ser un punto para conectarnos:

Por Nicolás González Gutiérrez

Si normalmente quienes hacemos teatro somos proscritos, en este 2020, las circunstancias mundiales nos han ungido con una doble maldición. Hace un par de días estábamos luchando por no estar solos en las salas de teatro.  Hoy las salas están clausuradas y nosotros, aislados.  El dulce y amargo arte de la vida ahora -literalmente- es el arte de la supervivencia y del equilibrio mental (un lugar bastante común para nosotros).  Aquí estamos, a puerta cerrada (como la obra de Sartre) ensayando textos postergados, entrenando cuerpos ansiosos, monologando sin descanso como Hamlets en cuarentena… Actuando.

Hemos sido lanzados a protagonizar un intenso acto con final difuso, que no requiere aplauso y cuyo público no somos más que nosotros y los nuestros.  La sala ahora es el escenario y el conflicto es ese sentimiento de querer hacer teatro y no poder hacerlo (no como quisiéramos). Ahora somos aquellos enajenados de la caverna de Platón, anhelando ese momento de salir directo a las tablas a compartir esos ideales acumulados.

Por estos días yo les digo: son tiempos oscuros, muy oscuros, pero nuestro amor por el oficio será esa energía que vuelva a encender los reflectores…Y serán muchas las almas rotas que tendremos que sanar…

Por la Fundación Teatro Libre

Queridos amigos de Kiosko,

Lo primero que estamos tratando de hacer es no parar de crear. Por supuesto, la administración tuvo que suspender muchos contratos porque perdimos nuestra principal fuente de ingresos: las salas. Sin embargo, como ante todo somos un grupo artístico decidimos entre los actores, directores y dramaturgos tomar las redes sociales como salas mientras la coyuntura. Nos hacen mucha falta los escenarios y el público, pero en este momento creemos que lo peor que podríamos hacer es parar. Nos entristece mucho ver que somos un gremio tan informal, que apenas con dos o tres meses de cierre muchas salas, artistas, técnicos, gestores están sufriendo de esta manera. No podemos permitir que la gente que hace posible el teatro tenga que verse expuesta a vivir del diario. Sabíamos de esta condición, pero no la habíamos vivido en tal magnitud como ahora. Eso nos ha hecho pensar que los proyectos estatales o privados dentro de la cultura deben plantearse para más tiempo, no los tres o cuatro meses de creación que nos han impuesto las becas y estímulos públicos y que ha creado un modus operandi dentro del sector. Ojalá esto cambie. Pero para que cambie creemos importante que el sector esté unido y, por eso, queremos también ofrecer nuestros espacios digitales. Todas nuestras iniciativas están enfocadas a crear diálogos con otros grupos y artistas. Al estar enfrentados a este nuevo lenguaje podemos buscar soluciones en conjunto, como sector, para experimentar y volver a inventarnos el teatro. Mientras tanto, creemos que es un momento en el que no podemos parar, porque nuestros públicos nos necesitan quizás más que antes. No hay que tenerle tanto miedo a Netflix, Hollywood o el National Theatre porque lo único que nos va a sacar de esto es nuestra creatividad y nuestra capacidad de entender el momento y plasmarlo en nuestras tablas, sea en las de nuestras salas, cuando volvamos, o en las de nuestras salas, mientras sigamos en cuarentena.

Por Fabián Blanco Arenas

En mi mente y en mi corazón podría decir que soy un recién egresado del programa de Artes escénicas de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Facultad de Artes – ASAB, pero aun yo siendo consciente de que terminé mi ciclo universitario, no puedo decir que ya egrese. Porque por el Covid, los grados están congelados. Más allá de ello estoy desempleado, porque vivo de las funciones y temporadas de los diferentes grupos de los que hago parte. Tenía funciones en el Festival Off, en el alternativo, temporada en la Sala Vargas Tejada y estaba a un mes de un nuevo estreno. Sin embargo, a pesar de toda esta crisis, no desfallezco, pues continúo ensayando con mis grupos en lo que Jorge Dubatti llamo el Videoteatro. ¿A qué me tendré que acostumbrar? ¿Cómo reinventarme? ¿Cuándo volveré a pisar las tablas? Bueno, hay muchas más preguntas que me hago a diario. Mientras esto pasa, yo sigo, escribiendo, creando y reinventándome como artista, como actor recién “egresado” de un programa de teatro.

Y por Ditirambo teatro

Aquí pataleamos antes de ahogarnos

Resumen de Ditirambo Teatro en la pandemia por Covid-19

Cuarentena, marzo 12 al 3 de mayo con posibilidad de más semanas.

1. ¿Cómo está?

R/ En Ditirambo Teatro estamos en la peor crisis económica que hemos enfrentando en 32 años de trabajo permanente. Con nuestras salas, Ditirambo Palermo y Ditirambo Galerías, cerradas desde el 14 de marzo, las temporadas 2020 canceladas hasta nueva orden, nuestros compañeros artistas, logísticos y administrativos en confinamiento y sin recursos. A la fecha debemos los servicios públicos de las dos salas, el arriendo de la sala Galerías y el impuesto predial de la sala Ditirambo Palermo. Estamos enfrentando con mucha dificultad el día a día desde la más impresionante incertidumbre sobre el futuro, observando como el universo sacude la existencia humana y desde la parálisis repentina todo se transforma dejando más débiles las ya raquíticas finanzas de los creadores y artistas dedicados a las artes y la cultura.

Con actividades e infraestructuras que se demorarán mucho en volver a estar en una situación medianamente satisfactoria; pues como es de público conocimiento desde antes de que apareciera la pandemia, las salas, los artistas y en general las organizaciones culturales enfrentaban dificultades. Es el caso de nuestro sector teatral, entre otras cosas, porque los meses de diciembre, enero y febrero son el trimestre más duro en el calendario de las escénicas y prácticamente desde mediados de noviembre se disminuye ostensiblemente la asistencia, fruto del cambio en las prioridades de la comunidad hacia las festividades de fin de año, los viajes y las vacaciones.

Se suma a esta ya complicada situación la ausencia de actividades pedagógicas en un gran porcentaje de las instituciones educativas y universidades durante el periodo decembrino y comienzo de año, lo cual impacta la presencia de públicos y la circulación de obras y espectáculos. Así también, los cierres financieros en las entidades públicas y privadas dificultan la consecución de recursos y la búsqueda de apoyo para financiar las actividades de esos meses.

Entonces, responder ¿Cómo estamos? es dar rienda suelta a un fatigado lamento que todos hemos repetido en diversos espacios. Las salas, los escenarios, los artistas de nuestros grupos estamos devastados.

2. ¿Cómo ha afrontado esta coyuntura desde lo teatral?

R/ Por fortuna el arte nos sumerge siempre en las aguas profundas de la invención. La creación es el agua en donde cómodamente navegamos, incluso cuando las turbulencias nos azotan enérgicamente.

Desde el primer momento en el que el gobierno distrital anunció el simulacro de cuarentena del 19 al 22 de marzo de 2020, en Ditirambo asumimos una aventura para enfrentarnos a monstruos desconocidos en las redes sociales y en el mundo virtual, con el único objetivo de mantener el contacto con nuestras audiencias.

Acatando la restricción de contacto social no era posible hacer las presentaciones acompañados con nuestro público en vivo, ni construir el convivio, ni el encuentro con los espectadores, ni contar con el fervor del acontecimiento en el que construimos una presencia aurática con la complicidad de todos, como indica Jorge Dubatti. ¿Entonces? No íbamos a renunciar a estar en sus vidas y buscaríamos cómo hacer contacto.

Creamos una franja de programación virtual y realizamos a través de tres redes sociales transmisiones en vivo de la obra La Profesora Rosalba Scholasticus. En ese primer fin de semana de simulacro de cuarentena, nos confinamos en Ditirambo Palermo y desde allí realizamos un ejercicio al que llamamos Reviliepoco que traduce “Representación Escénica En vivo en Línea en Época de Coronavirus”. Cada noche era una nueva aventura pues desconocíamos muchas particularidades del manejo de estas transmisiones en vivo.

El fin de semana siguiente, y ya confinados como núcleo familiar en nuestra casa, transmitimos desde una habitación una versión y adaptación del texto de Marco Antonio de la Parra, El ángel de la culpa, realizada por Rodrigo Rodríguez como el detective y Jerónimo Rodríguez como el chico; se tituló No apta para menores de edad. En ese mismo fin de semana participamos en el Festival Virtual de Teatro 2020, organizado por Kiosko Teatral, con un performance de Rodrigo Rodríguez.

Igualmente, realizamos una transmisión en vivo de la obra Gilaldo Sampos versión para el comedor de nuestra casa y tres transmisiones en vivo a través de dos redes sociales de la obra El Yury, versión y puesta en escena desde el lavadero de la casa.

Simultáneamente, creamos una experiencia de sátira política con interpretación de varios personajes a la que titulamos La única Verdad, con el Dr. Armado Logodo CincoHuecos y TresPalacios, interpretado por Rodrigo Rodríguez, un espacio que estamos transmitiendo con actuación En vivo de jueves a sábado a las 8:00 p. m. en tres redes sociales.

Hace parte de estas acciones de creación para la época de pandemia, Pelando con Gilma, una nueva experiencia de actuación con Gilma Tocarruncho, el carismático personaje de la obra Ni mierda pal perro. Se trata de la realización de cápsulas de actuación e impro desde una ventana en donde se estará asomando el universo de esta mujer, alojada ahora en la casa de Don Rodrigo y Doña Margarita, como ella lo menciona.

Esto no es teatro, eso está clarísimo, para nosotros nada reemplaza el encuentro vivo con el público. No obstante, sí es desde el teatro de donde parte nuestra necesidad de expresarnos, de escribir, de actuar, de crear personajes, de estar en temporada, de mantener el fuego de la hoguera encendido, la luz testigo prendida hasta que se abran las salas. Mientras eso ocurre, cada rincón de nuestra casa, el día entero con sus 24 horas, nuestros teléfonos móviles y las plataformas de las redes sociales son lo único que tenemos para estar en contacto con el mundo, tratar de satisfacer esta profunda necesidad de estar cerca de la escena y tomar el vuelo de cada noche.

Una transmisión en vivo nos da una dosis de adrenalina, nos obliga a prepararnos previamente para cada transmisión con rigor y, durante el tiempo de conexión con nuestras audiencias, estar en una toma única sin cortes, en la extensión completa de tiempo, usando solo los ángulos de seguimiento para el personaje y las acciones. Un plano secuencia que traduce en el lenguaje audiovisual algo parecido a la única oportunidad de cada función, el único respiro del actor que inicia y termina con cada presentación.

Hemos contado con el teletrabajo de nuestros compañeros administrativos Diana Sánchez y Omar Marentes, con la asesoría permanente de David Rodríguez estudiante de Cine y Televisión de la Universidad Nacional, Jerónimo Rodríguez en los recursos de producción para las transmisiones en vivo, todos aunando esfuerzos artísticos y de actuación con Margarita Rosa Gallardo y Rodrigo Rodríguez.

 3. ¿Qué reflexiones tiene al respecto?

R/

• La Pandemia desenmascaró el sistema económico y dejó al descubierto la profunda desigualdad social en el mundo que reclama un cambio de orden.

• Estamos en unas nuevas formas de conflicto mundial, la lucha de las potencias por tener el control del mundo, el poder del llamado Big Data, lo que harán los gobiernos con los datos e información de sus ciudadanos, entre otros desafíos que tendremos que enfrentar, con la consecuente y bien justificada restricción de las libertades.

• En el ámbito local, se hace visible que para el gobierno nacional la prioridad es favorecer a los bancos y ofrecer como salvavidas para el sector cultura supuestos créditos, los cuales ni siquiera se hacen efectivos para las pequeñas organizaciones culturales.

• El gobierno nacional no ha interpretado el sentir del sector cultural y desconoce buena parte del devenir histórico de las artes en Colombia. A partir de un discurso promesero, quiso imponer la noción de Economía Naranja como sinónimo de desarrollo para la invención y la creación artística y no resultó ser otra cosa que un caballo de batalla que le permite posicionar recursos para dar más al que más tiene y desaparecer a los pequeños. A la fecha no se han anunciado subsidios o verdaderas ayudas que permitan sostener los meses de inactividad por el confinamiento.

• Nos falta mucho camino por recorrer en cuanto a la formulación de políticas de Estado que favorezcan al sector artístico y posicionen su papel en la construcción de la sociedad, sin duda en el mundo entero la cultura fue el sector más debilitado y como afirman los expertos el último en recuperarse de este estacazo.

En Ditirambo Teatro, continuamos creando y ensayando, escribiendo nuevas obras, formulado proyectos y realizando lo que está a nuestro alcance. Estamos debilitados, sí. No obstante quedarnos inmóviles no es una opción.

Bogotá, mayo 3 de 2020

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