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Carlos García: Esto-vi en 2019

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Actor, director, autor y docente teatral. Licenciado en Ciencias de la Información y Magister en Gestión Cultural por el Instituto de Ciencias Musicales de la Universidad Complutense de Madrid. Cursó estudios de Dramaturgia en la Escuela de Letras de Madrid. Es candidato a Doctor por la Universidad Internacional de la Rioja con una Tesis Doctoral sobre dramaturgia cómica. Director de la compañía Teatro Cítrico. Director del Programa de Arte Dramático de la Universidad El Bosque.

Quiero empezar agradeciendo a Kiosko Teatral este espacio para dar mi opinión, porque es eso: opinión, sobre lo que he visto y vivido en este año que acaba en los teatros de Bogotá. Y subrayo su necesidad porque creo que es importante pensar el teatro. Son necesarios y fundamentales los espacios de reflexión teórica y crítica alrededor de lo escénico, la salud del sector teatral también tiene una patita muy importante en esa otra esquina de la mesa. Comentaré lo que yo he visto, vivido y sentido alrededor del teatro este año, incluso intentaré divisar algo más allá. Tras diez años viviendo en Colombia, que ya es mi país, creo que puedo aventurarme y aportar mi granito de arena. Repito que son mis sensaciones, mi experiencia personal, y lo que me ha interesado por alguna razón concreta o por su aporte puntual. Cabe añadir que el nivel de producción teatral en Bogotá es altísimo: podríamos ir a una obra de teatro diferente cada día del año, por lo que sería imposible asistir a todo lo que se oferta. Por ello, de antemano, pido disculpas a los grupos o creadores que no entren en mi selección.

Este 2019 hemos vivido un año complejo y raro. Para la palabra complejo podemos encontrar varios significados asociados a la situación actual del país: política, cultural, social, etc., creo que todos sabemos donde vivimos. Pero cuando empezamos a barajar la palabra raro, aquí llegan las dudas y la diversidad de significados. Para mí, este año ha sido raro en el sector escénico porque, entre otros eventos, en julio se firmó la Ley del Actor, en septiembre hubo un congreso nacional del sector teatral en Armenia, el Teatro Colón (fungiendo como teatro nacional) fue productor de grandes espectáculos, se estrenaron y reestrenaron buenas obras, llegaron compañías y personajes relevantes del exterior a Colombia y… seguimos con las mismas indecisiones y dudas que en 2018.

Para muchos no avanzar significa retroceder, y aunque hay chispazos de ciertos proyectos o posibles caminos, la realidad nos dice que muchos teatros o compañías pasan por momentos difíciles, y además hay una clara desconexión del gran público hacia opciones que estén alejadas de la comedia más ligera o de eventos puntuales. Es necesario plantearnos un trabajo sobre el público riguroso y constante desde todos los estamentos: teatros y salas, grupos, creadores, estado, escuelas y universidades… el público es la razón de ser del teatro y lo que motiva y genera compromiso. En algunos momentos habría que mirar más al público y menos hacia el apoyo fácil y temporal de las ayudas o becas estatales. Se que se han organizado eventos y reuniones para debatir sobre el público, bienvenidas, pero hasta que no haya un compromiso serio de política pública y privada al respecto, es tiempo perdido e ideas que se llevará el viento.

Unido a ello, también podemos pensar en la cantidad de oferta teatral bogotana, inabarcable para un espectador aplicado y amante del teatro. En una Bogotá culturalmente ideal, a cada obra estrenada (según Kiosko Teatral casi 350 propuestas), aún por ridícula que fuera, le corresponderían más de veinte mil espectadores. ¿Qué está pasando con el público? Desde mi punto de vista, esta situación nos lleva directamente a las siguientes preguntas: ¿son las condiciones de producción las mejores para atraer espectadores? ¿Le damos al público la mejor experiencia posible al pagar y entrar en una sala de teatro? ¿Se explotan correctamente las producciones realizadas o hay un exceso de oferta? ¿La competencia entre salas y teatros, eventos y festivales es justa o injusta? ¿Las ayudas y becas estatales ayudan a estabilizar el mercado, o son caprichosas y “teledirigidas” según intereses? Las respuestas para estas preguntas nos llevan a cuestiones alejadas de la creación pura hacia otros terrenos más técnicos. Porque la verdad es que en Colombia tenemos de sobra grandes autores y autoras, directores y directoras, o actores y actrices… pero pocos, muy pocos y bien formados productores, gestores públicos y privados, técnicos de iluminación y sonido, críticos, distribuidores, publicistas, docentes especializados, teóricos teatrales, arquitectos escénicos, periodistas culturales, diseñadores de arte, etc.

Todo está por hacer, y eso es bueno porque las posibilidades permanecen abiertas y siempre habrá oportunidades por explotar. Aunque los síntomas del malestar son claros y repetitivos, la receta habla de buscar formas de hacer teatro distintas a lo que hemos visto hasta hoy. El siglo XXI demanda un sector escénico diferente porque el público es diferente. Si no entendemos esto, seguiremos eternamente haciendo el mismo personaje de plañidera que mendiga miserias, ayuda y comprensión. Siempre he defendido, a modo de profeta, que antes que los teatros se cerrarán los cines porque el consumo del audiovisual se traslada al ámbito doméstico. En cambio, siempre será necesario el espectáculo en directo, ver gente real en un escenario emocionando a otra gente que mira. Cómo será ese futuro espacio escénico y esa futura gente que observa, no lo sé, pero sé que existirán. Trabajemos para encontrar nuevos caminos y formas con fe e ideas renovadas. Yo creo que es posible.

Y ahora sí, ¿qué vi en 2019? No vi todo lo que podía haber visto, ni todo lo que me gustaría haber visto, quizá tampoco vi algunas cosas que debería haber visto (nadie es perfecto); así que elijo lo que más me llamó la atención. Aclaro que sé diferenciar entre un montaje bien hecho con buena factura final pero que no me atrae, frente a una puesta en escena que me gusta, aunque no esté tan bien hecha. La profesionalidad siempre se aplaude, pero los gustos son personales. Expongo los trabajos en orden alfabético, ninguno está por encima de otro, sólo es una forma de organizar el listado. Nota: me pidieron una selección de diez, pero yo expongo doce porque así vienen los huevos y los apóstoles.

¿Amor, café?: Medea 73 / Dirección: Lorena Briscoe

En esta obra una pareja mezcla su relación, o relaciones, con la historia del café y sus diferentes formas de preparación. Una obra que huele a café recién preparado en la sala, bien interpretada y concisa, que sin ser una gran producción plantea ese tema eterno de las relaciones de forma original.

Bizarro: Púrpura Creactivo / Dirección: William Guevara Quiroz

Es esta una propuesta de monólogo que maneja unos tiempos escénicos y formas actorales muy concretas alrededor de un personaje que quería ser un ángel. No es una puesta en escena fácil y asequible, pero nadie dijo que esto fuera sencillo.

Blanco totalmente blanco: Dirección: Martha Márquez

De nuevo las relaciones sentimentales a escena en un triángulo amoroso bien escrito y con una puesta en escena muy elegante. Martha Márquez no suele ser una autora-directora muy prolífica, aunque cuando ofrece algo merece la pena verlo.

De cómo un pobre entierra a la mamá: Dirección: Primo Rojas

No sé cuánto llevará Primo Rojas actuando y contando sus monólogos-narración-cuentos-stand up… es difícil definir su estilo. He visto algunos de sus trabajos y siempre he disfrutado con sus descripciones de esa extraña realidad social que nos plantea.

De ratones y hombres: 4paredes / Dirección: Manuel Orjuela

Maravillosa adaptación a la colombiana de la novela de John Steinbeck. Buenas interpretaciones, un texto directo, puesta en escena sencilla y efectiva. Teatro puro. Manolo Orjuela sabe a lo que juega.

Diagnóstico de un retrato familiar: El clan / Dirección: Alejandro Aguilar

Una distopía ambientada en un futuro cercano. Una temática poco tocada en teatro: la ciencia ficción. Ecos de Ray Bradbury, de la novela 1984, y más actual de la serie Black Mirror o de Years and years… Incluso la puesta en escena ya plantea una realidad diferente.

Discretas bestialidades: El clan films / Dirección: Santiago Merchant

Otra propuesta que sale de lo convencional y de lo que podemos estar acostumbrados a ver en los escenarios bogotanos. Santiago Merchant plantea un juego metateatral muy cercano al cine, donde el autor participa en su propia creación.

Esquina Berlín: Dirección: Sebastián Illera

Sexo, drogas y rock and roll. Lo cierto es que la combinación no siempre sale bien en la vida real, pero en este montaje que parte de la obra Desde Berlín, de Juán Cavestany, escrita como tributo a Lou Reed, el resultado final es hipnótico y muy atractivo.

Gloria y Ramona, o porqué las jirafas nunca hablarán coreano: La casa de atrás / Dirección: Paola Barrera

Si le quitamos un elemento fundamental al teatro, la luz, uno de los resultados es este. Sobre la obra escrita por los hermanos Dávila, se plantea una propuesta escénica atractiva y sorprendente, ojo que la historia tampoco se queda atrás. (Esta obra me recuerda otra con una estrategia similar: Superpasito, donde lo que se mutila es el sonido.)

Historia patria (no oficial): Teatro Petra / Dirección: Fabio Rubiano

Fabio Rubiano se ha convertido en una especie de cronista dramatúrgico “no oficial” de las pulsiones sociales en Colombia. Una puesta en escena ágil y con mucho ritmo, unos personajes de farsa sobre los que se suponemos se construyó el país. Crítica y sarcasmo para todos, porque cuando se enciende el ventilador la mierda vuela sin destino.

Semana Cómica: Semana Cómica / Dirección: Carlos García

Este año en la Semana Cómica, además de grandes compañías y grupos nacionales, tuvimos a dos invitadas internacionales Ingue y Esther Gimeno. Ingue es un gran espectáculo de clown, también estuvo en Mamarracho Fiesta casera payasa , que demuestra que a través del clown también se pueden contar historias profundas y muy humanas. Esther Gimeno es una actriz y cómica de stand up española que suele trabajar un humor feminista y muy político en sus espectáculos, algo muy necesario viendo el panorama de los comediantes colombianos.

La obra que sale mal: Teatro Nacional / Dirección: Ricardo Behrens

Me divertí mucho viendo esta obra. Una continua red anudada con gags cómicos que a veces desesperan, quizá el mejor slapstick que he visto en Colombia. Además, se hizo una audición para buscar algunos personajes, cosa que dio oportunidad para que actores y actrices menos conocidos participasen en esta producción, muy bien la idea.

Esto es lo que vi en 2019 y más me llamó la atención en los escenarios. Porque fuera de ellos puedo añadir la programación alternativa en Cinecolombia que nos conectan con el teatro del mundo, una muy buena forma de aprender, ver buenos espectáculos y proyectarnos a futuro. ¿Y qué veremos en 2020? Veremos el nuevo estreno de Johan Velandia, que está pidiendo cine; veremos nuevas producciones en el Teatro Colón, que espero piensen más en el contenido y menos en el continente; se supone que es año de FIT, aunque no sabemos bien por donde respira este evento a día de hoy; ojalá sea el año de la unión definitiva del sector escénico, se necesita presión inteligente para cambiar algunas políticas; habrá nuevos y buenos proyectos académicos, que demuestran que los futuros artistas acaban sus estudios bien formados; y sería un buen año para pensar en una asociación de dramaturgos o directores colombianos, los actores ya tienen la suya. Y, sobre todo, espero que sea un año donde el gran público confíe definitivamente en el teatro colombiano, razones tenemos de sobra.

Mucha mierda, y gracias.

Postule a sus teatristas y obras favoritas del 2019 en Esto-vi y acompáñenos en la Noche Esto-vi, el 3 de diciembre de 2019 a las 7:30 p. m. en Trementina (Carrera 24 #37-42). Toda la info aquí.

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