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¿Es teatro o no es teatro?

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Por William Guevara Quiroz

Director de Púrpura Creactivo y Kiosko Teatral 

En la semana en la que se anunció el aislamiento preventivo obligatorio —medida ante la pandemia del Covid-19— en las redes sociales percibí tristeza, incertidumbre y preocupación, por tener que abandonar las tareas diarias, los ensayos, las clases, las salas de teatro, las temporadas, el público, y lo que esto implicaría. Era el momento de abrir una posibilidad, la de celebrar, esto podría subir los ánimos. Tomarnos un tiempo para concentrarnos en lo que verdaderamente moviliza las ansias de muchos de nosotros: crear. Así que en poco menos de dos semanas se diseñó, se divulgó y se realizó el Festival Virtual de Teatro, evento con el cual, la noche del 27 de marzo de 2020, celebramos el Día Mundial del Teatro con un grupo de 29 experiencias listas a la representación desde su escenario. Un escenario nuevo, “doméstico”, pero escenario. Lugar que adopta un alma para que confronte, cuestione o entretenga, se gana el nombre de escenario. El teatro es teatro cuando la representación o la interpretación, como ustedes la reconozcan, se realiza frente a un público en el mismo tiempo y lugar. Las condiciones mundiales no nos permitieron una de estas variantes. No estábamos en el mismo lugar, pero si en el mismo tiempo. Los actores, los clowns, las bailarinas, los títeres, los narradores, los performers, se entregaron a su público quien podía verlos a través de una pantalla. Fueron más de 2.400 espectadores que disfrutaron desde el encierro que enfrentamos, lo que bajo estas circunstancias se podría llamar: teatro.

Bueno, si fue teatro o no, no sabría decirlo, pero tampoco fue cine ni video. Sin embargo, entrando en contexto, fue lo más cercano a aquello que denominamos “teatro”. En estas condiciones, sueño con el día en el que nuestro arte pueda generar el mismo vínculo que existe entre los aficionados de fútbol con un partido en directo de su equipo favorito, que juega al otro lado del mundo. He visto aficionados y quienes no, moverse de sus sillas conmocionados, llorando, gritando, maldiciendo. Sería una oportunidad para que el teatro creara eso, lejos de las reglas unilaterales que le imponemos los teatristas al público, pidiéndole estar a oscuras y en silencio en la sala de teatro.

Este Festival no es la única experiencia de esas características, ni fue la primera ni será la última. La enorme oferta virtual que el público tiene de diferentes disciplinas, a disposición de un clic, es cada día más grande. El teatro de nuestro país tiene sus propuestas virtuales y lo considero ¡maravilloso! Aunque definitivamente no incluyo en esa bolsa contenidos dramáticos creados para la cámara. Experiencias de transmisión en vivo de teatro, circo, performance, narración oral, títeres, son las que nos generan la duda. ¿Será realmente teatro o no será teatro? ¿A razón de qué dejaría de serlo? Muchos de los grandes maestros que han delineado el teatro actual no llegaron a conocer las condiciones de lo virtual, y los maestros de hoy, igual que nosotros, están enfrentando nuevos paradigmas. No sabíamos que el mundo se iba a estrellar con tremendo lío y que gracias al alcance que la mayoría de la población tiene a la internet, todo está más cerca, incluso el… teatro. Y pienso, este no nació siendo teatro. Se ha transformado dependiendo de las variantes que cada tiempo le ciñe. Nada tiene más gamas ni es más subjetivo que el arte. Hay que repensar el teatro supeditado al contexto.

Por ahora felicito a los que han decidido presentar sus obras en transmisión en vivo, realizar videos con contenidos sobre lo teatral, proponer radioteatro, podcast, conferencias, talleres, charlas o liberar sus documentos teatrales (video de obras, dramaturgia, ensayos, tesis, artículos, fotografías). Es la manera en la que hoy por hoy vivimos el teatro, porque hay que seguir disfrutándolo y trabajar por él mientras volvemos a encontrarnos en tiempo y lugar en un escenario. Pues el trabajo creativo nunca se detiene, ustedes y yo sabemos que el teatro tiene una tras escena de horas, días, meses, años de búsquedas, de indagaciones, para exponerse bajo un foco tan solo 60 minutos, un poco más o un poco menos.

Seguro muchos de nosotros no vamos a detener nuestro impulso y motivación teatral continua, conminándonos a no volver a hacer “teatro”, porque no se hace como antes o como siempre. La situación merece entrar en reflexión liberal para determinar en este tiempo, el nuestro, la calidad de lo teatral. Y si finalmente no llegase a ser teatro, pues ánimo y coraje, que el universo audiovisual está dispuesto a dejarse descubrir y en el cual hay mucho por experimentar, y seguro saldrán proyectos valiosos, sino echémosle un ojo a Sam Mendes, director de teatro y cine, que evidentemente construyó su película 1917 con herramientas mezcladas del teatro y del videojuego.

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