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Johan Velandia: Esto-vi en 2018

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Actor, dramaturgo y director. Fundador de La congregación teatro. Maestro en Artes Escénicas de la Academia Superior de Artes de Bogotá – ASAB. Cursa el Master oficial en Artes Escénicas en la universidad Rey Juan Carlos (Madrid, España). Ha combinado prolíficamente la actividad teatral y literaria en el ejercicio de la actuación, la dirección escénica y la dramaturgia desde la compañía que lidera desde hace 10 años.

Este año me sumo a esta iniciativa de resaltar el trabajo incansable de colegas de las artes escénicas que durante el 2018 compartieron a los espectadores sus creaciones. Ante la gran variedad de oferta, grupos, actores, directores, dramaturgos, escuelas; esta lista inocente y promiscua solo destacará una pequeña parte de este sector que mes a mes llena la cartelera con títulos para todos los gustos.

Escapo al lugar de la crítica y el análisis, no me centraré en validar o invalidar ningún espectáculo, tampoco les adelantaré, con palabras escuetas, de que trata cada obra, su estilo, su estética, su tema y demás confines intelectuales; al contrario, aprovecho el espacio para reflexionar, anecdóticamente, sobre nuestro oficio. Sin más, aquí mis diez favoritas, mi “top manta” del teatro que nos ofreció nuestra ciudad durante el año que termina. Así que agáchese y busque el título que más le apetezca y si no lo encuentra y el desacuerdo es su conclusión, obvie las paginas de este escrito insensato y no me odie, solo ríase a carcajadas de mi equivoca opinión.

P.D. Haga caso omiso al orden, no existe lugar de preferencia ni importancia.

Yo no estoy loca: Teatro Petra / Dirección: Fabio Rubiano

No fue en Bogotá. La vi en el mercado artístico y cultural más importante del atlántico sur, MAPAS, en Tenerife, la isla de las fantasías españolas. Mercado liderado por un embajador del teatro mundial, el manizalita Octavio Arbeláez.

El emblemático teatro Guimerá a reventar, una fila larga de curiosos españoles, africanos, latinoamericanos y uno que otro oriental intentando pescar la mejor localidad para ver a “los colombianos”. Yo, colado entre ellos, sin mucho que hablar pero con los oídos repletos de comentarios: “Son colombianos, tendrá que ser bueno” “¿Yo no estoy loca? pero si los colombianos están todos locos de atar”  y más… por fin el telón arriba y Marcela Valencia aleccionando a desprevenidos. Ella se para en el escenario y el público explota en carcajadas que se convierten en potentes aplausos. Marcela sabe para que nació y en este monólogo hilarante hace gala de sus talentos, de su cuerpo, sus gestos, su ángel, su gracia, su locura y esa pasión infinita que recorre geografías y escenarios, ella sabe que es teatro puro, ella sabe que su locura es esa fuente inagotable que corre por sus venas: la actuación.

Y a estás alturas del partido qué podré comentar de Fabio Rubiano y su dramaturgia y su impecable dirección: es grande, es maestro, es hincha de “los Millonarios” (como mi padre) y ha enriquecido el teatro colombiano con investigación, rigor y disciplina. Afila las flechas de sus letras, apunta con certeza, y nos atraviesa con cada obra y aunque Yo no estoy loca es un monólogo altamente cómico, siempre nos deja con una, o dos o muchas preguntas sobre nuestro país, sobre la humanidad y sobre los temas fundamentales de nuestra cotidianidad.

Cierro agradeciendo y felicitándolos por arriesgarse a llevar, gestionar y mantener una sala de teatro. ¡Que tarea! Pero ustedes, Teatro Petra, son capaces de esto y más, así que esperamos muchas más esquizofrenias de su parte, que estallen las paredes, que salten las liebres, que vuelen las moscas y que tema hasta Harrison Ford porque Teatro Petra tiene mucho que contarnos desde su bella sala en Teusaquillo.

Kassandra: La maldita vanidad / Dirección: Jorge Hugo Marín

Mi padre, desilusionado de mi nulo gusto por el fútbol hizo caso al destino y me inscribió, a los trece años, en los cursos de teatro de los sábados de la Academia Charlot. Y allí, tuve la suerte de recibir clase con la profesora más joven y sexy de la escuela, la señorita Ella Becerra; desde ese momento inicio mi profunda correspondencia con esta actriz de grandes ligas y talento desbordante.

Ella Becerra es una actriz profunda, inteligente, creativa y estudiosa. Su talento ha deleitado escritores, directores, escenarios, pantallas grandes y chicas, y miles de espectadores que salen diciendo: “Que inmensa, es tremenda”. Ella es de grandes retos, imparable, incontenible, frenética y precisa, poética y conmovedora. La he visto haciendo comedias con Tito Ochoa, tragedia con Paolo Magelli, dramas con Pedro Miguel Rozo, farsas con Sandro Romero, danza con Yovanny Martínez, hasta teatro comercial de tacón y sostén al aire, y televisión y cine; pero solo al lado de Jorge Hugo Marín ha encontrado espacio pleno para la consolidación de su carrera como una de las grandes artistas escénicas de nuestra historia.

Este matrimonio fiel, estable y duradero de dramas neorrealistas e hiperrealismo del barrio Palermo ha gestado un estilo, una voz, un sello de hacer teatro. Son La maldita vanidad y Bogotá lo sabe, y Colombia los conoce y el mundo los aplaude.

El mismo Sergio Blanco nos visitó este año y besó a Ella y abrazó a Jorge y se hizo una “selfie” con los dos, y comentó que esta versión de su obra era sin duda la mejor del mundo y yo también lo creo sin conocer las otras. Aplaudo a Kassandra sin cigarrillos y a Jorge Hugo con Saeed a bordo y a las Benditas lecturas y a su equipo de actores y a su cafecito rolo;  pero rechazo enfáticamente la falta de apoyo estatal a este espacio que programa constantemente teatro. Aplaudo a Ella Becerra, una trapecista voraz de grandes lides actorales, a ella y a su ingenio… mil besos tiernos.

La que no fue: Umbral teatro / Dirección: Carolina Vivas

La y él que no fue a ver esta obra se perdió de un experimento dramatúrgico sin igual. Escrito y dirigido por la maestra Carolina Vivas, otra de las mujeres que hacen que el teatro colombiano se llene de orgullo, y con ella, cinco talentosas actrices nos cuentan apartes de la historia de las mujeres de su familia y allí reside el maravilloso valor de este pieza teatral conmovedora. ¿Qué tenemos que contar de nuestra madre, de nuestras abuelas? ¿Qué heredamos? Salí preguntándome luego de ver esta pieza única, particular, íntima y poderosamente femenina.

En tiempos de lucha de género, de empoderamiento, de “campañas” y labios rojos, esta obra le da un verdadero lugar a la mujer, de frente, de manera creativa, sin aprovechamientos, ni manipulaciones, solo con el potente lugar que ofrece el buen teatro y las sabias decisiones de la escritura;  esquiva el panfleto feminista (léase bien, no vaya a caerme encima Florence y todas las ruiseñoras) para articular  muchos universos que nos hablan del devenir histórico de la mujer en Colombia; pero solo allí, en el territorio de la poesía, porque la poesía también es mujer.

Por otro lado, Umbral Teatro es uno de los espacios escénicos con alto impacto en nuestra ciudad, somos muchos nuevos dramaturgos quienes agradecemos sus iniciativas, no solo creativas también formativas. Hablo de su taller metropolitano de dramaturgia: Punto cadeneta punto y de la Huerta. Si, tienen huerta. Y allí se siembran ideas, proyectos escritos,  argumentos y durante tres meses, bajo el cuidado de la maestra y del equipo de “jóvenes” dramaturgos; vemos germinar y florecer buen teatro. Esta ciudad le debe mucho a Umbral, por sus obras, por sus talleres, por los dos grandes maestros que lideran este espacio, Ignacio Rodríguez y Carolina Vivas. Gracias Umbral, gracias por su historia, por sus encuentros y  por ser quienes son. (Aún sigo buscando la Minicromos del 77 para encontrar a la señorita Cundinamarca del teatro colombiano) Permiso!!

De ratones y de hombres: 4 paredes / Dirección: Manuel Orjuela

El hijo del señor M se reinventa constantemente, no se acostumbra, prueba, experimenta, no se amaña en un solo espacio, indaga, investiga, enamora, va y vuelve y en su casa de cara al Park Way se idea el Club cuatro paredes con sus más cercanos amigos: Julián Arango, Héctor Sánchez y Daniel A. Mikey sin la c.  Este Club clandestino y misterioso permite la creación de piezas teatrales de pequeño formato donde la intimidad, la verdad actoral y la palabra son protagonistas. La aventura inicia así:

Escribes al club y reservas. A tu teléfono móvil llega una dirección, un número de apartamento y un código. Sigues el conejo blanco, entras a un apartamento lleno de gente de teatro (esa que dice “Mierda”), buscas tu localidad y allí, en una silla o sofá, tu nombre escrito en un papel y un trago de bienvenida y de pronto, de la nada, se baja la música y las luces, aparecen los actores y nace el teatro.  Se hace buen teatro en casa de Manolo Orjuela y su sala se vuelve lágrimas, sonoras carcajadas, palabras bien dichas, movimiento, quietud y aplausos, muchos aplausos.

Allí tuve el enorme placer de tomarme a sorbos lentos a tres fantásticos actores de convicción profunda: Gadiel López, Héctor Sánchez y Laura Rodríguez;  quienes con enérgica verdad nos envuelven y transportan al fantástico universo de De ratones y de hombres basada en la ejemplar novela de John Steinbeck Of mice and men donde rápidamente mordemos el queso y terminamos cabeza abajo en una trampa bien puesta. Pero nada les hablaré de esta joya teatral que arranca temporada ya mismo en La maldita vanidad y que sin duda alguna les robará suspiros y reflexiones abismales sobre la humanidad, sobre la oposición razón e impulso, inteligencia y fortaleza, una obra para hombres rudos de corazón suave. Este es el teatro de Manolo Orjuela, ese que siempre queremos ver y del cual ya nos tiene muy bien acostumbrados.

Souvenir asiático: Los animistas / Dirección: Javier Gámez

No conocía a Los Animistas (que bello nombre para una compañía teatral), pero este año tuve el enorme placer de asistir al Teatro Petra y por fin ver puesto en escena el maravilloso texto de la dramaturga caleña Martha Márquez (Con Martha uno entiende eso de que “Cali es Cali lo demás…” ). Un texto precioso, detallado, creativo, novedoso y profundo sobre las fronteras.

El público ubicado en una embarcación en fuga, va recorriendo un lego de containers donde aparecen historias dolorosas sobre inmigrantes en diferentes fronteras del mundo. Conmovedor, inteligente, muchas veces cómico y resuelto con grandes actores, objetos y muñecos. Si, muñecos. Todo un arte construir un universo animado, ingenioso, artesanal y de una filigrana precisa. Vi a los muñecos en los primeros minutos pero luego desaparecieron, eran  personajes tan poderosos y conmovedores como los actores. En aquella oscura embarcación me adentré al océano infinito de la discriminación y la falta de oportunidades; y allí navegué por todas las emociones y sensaciones como un tripulante sin rumbo. El Souvenir Asiático de los Animistas también se embarcó, luego de su bella temporada capitalina, a otras latitudes y fueron invitados al destacado Festival Mirada en Santos, Brasil y al Festival de teatro de Cali, y estoy seguro que allí también rugió Benjamín y Oscar, Ollah y Yosuf, Myoung Hee y Abdelhay y el cocodrilo mexicano ¿Quiénes son esos? Lo invito a ver la obra.

Cocíname y La mesa: Cortocinesis danza / Dirección: Yovanny Martínez y Vladimir Rodríguez respectivamente

Cambiando un poco de lenguaje, me adentro en los profundos cielos de la danza contemporánea bogotana y allí, sin lugar a duda, mi mejor referente es Cortocinesis. Esta compañía nace con gritos estrepitosos en los hervores de la Academia Superior de Artes de Bogotá. Hacia el año 2003 ya nos descrestaban con sus innovadoras propuestas de movimiento y dramaturgia física. Liderados por reconocidos bailarines de orden mundial como Vladimir Rodríguez y Ángela Bello, estos artistas de la danza nos han contado historias premiadas dentro y fuera de nuestro país.

Estos bailarines se aventuraron a gestionar y sostener un espacio creativo al que han llamado La futilería, es en esta casa, ubicada en el clásico barrio San Luis (Calle 59 con 17) donde realizan esta obra de alta factura y emoción cinética.

Cocíname es una de las mejores piezas de su repertorio, dirigida por Yovanny Martínez para ser interpretada por una de las bailarinas y maestras más destacadas del “contemporáneo colombiano” Olga Cruz junto con una generación nueva y talentosa de la danza. La pieza se toma toda la casa, la invade, la penetra, la oxigena, la remueve hasta el temblor del último de sus ladrillos. Con inteligencia y astucia este poderoso coreógrafo nos cuenta los secretos de una familia. Madre, padre e hijos, saltan, caminan por las paredes, ruedan escaleras abajo, aparecen de entre los techos, se hunden entre el suelo y nos deleitan con vertiginosas y frenéticas coreografías a milímetros de los espectadores conmocionados.

El día que escribí esta lista de favoritos, asistí a la celebración de los quince años de esta compañía en el teatro Jorge Eliecer Gaitán, donde presentaron un remontaje de una de sus primeras piezas La mesa, y me confundí más. Fue otra de las mejores piezas de danza de este año. Vladimir, al frente de su equipo, nos emocionó y conmocionó con esta nueva versión cargada de talento en un intercambio generacional, nos presentaron a los nuevos bailarines de su compañía y todo fue movimiento, precisión, buen gusto y muchas lágrimas. Felicito amorosamente a los compañeros de Cortocinesis, disciplinados, rigurosos hasta el cansancio, amantes fieles de su arte y de su lenguaje: La danza.

Constelaciones: Ganas producciones e Idartes / Dirección: Fabio Rubiano y Sandro Romero Rey

Hay dos. Y no hablo de la Osa mayor y menor. Hablo de las Constelaciones de Púrpura Creactivo y las de Marcela Mar. La de Púrpura, muy bien referenciada por el público asistente, no tuve la fortuna de verla y me queda de tarea para el año que viene, la que si vi fue la de Nick Payne en su versión colombiana. ¡Y que versión!

Marcela Mar, la guapa y carismática actriz de cine y televisión nos sorprende asumiendo de frente esta súper producción teatral. (Otra mujer poderosa en el teatro de este año). Muy de lado y por varias circunstancias de la vida, me había enterado que la protagonista de Venus en piel adelantaba conversaciones para traer la obra de Payne a los teatros bogotanos, lo que no me imaginaba era que lo haría en el principal (creo que único) escenario astronómico de la capital y con un equipo altamente calificado. En la dirección Sandro Romero y Fabio Rubiano y en la actuación compartiría escenario con el maravilloso actor mexicano Humberto Busto y la provocadora y talentosa Angélica Blandón.

Y allí aparece, entre estrellas y firmamentos, esta historia sobre el si mágico del amor. ¿Qué pasaría si? ¿Qué pasaría si no? Y Nick Payne nos confunde y nos lleva y nos trae sobre la teoría cuántica de dos enamorados en una primera cita que son muchas. Entre esta cotidianidad simple del romance aparecen las realidades paralelas y las diversas posibilidades de amar.  Y ¿cómo no amar a Marcela Mar? Si se escapa del cómodo lugar de la fama y la popularidad para hacer teatro y ofrecer a los espectadores bogotanos un viaje cósmico sin igual, lo que mis jóvenes estudiantes llamarían “una experiencia”.

Por otro lado, está mi maestro Sandro Romero el rey de la ASAB, quien dirige la obra con el rigor que siempre lo ha caracterizado, con la misma pasión con la que habla de Bergman y de los Rolling Stones, con esa fuerza vehemente que se necesita para liderar y dirigir el proyecto curricular de Artes Escénicas, a él, mi fe y mi absoluta devoción. Gracias Sandro por tener tiempo para todo, incluso para hacer teatro en el planetario y en el infinito con estrellas.

El problema del mal: Abra Teatro / Dirección: Adela Donadio

Seguimos con las mujeres de nuestro teatro, el turno es para Adela Donadío, Rosario Jaramillo, Brunilda Zapata y la cuota masculina Carlos Mariño quienes se preguntan y nos hacen cuestionar ¿cuales son los límites morales y éticos de un escritor ante la narración de hechos históricos atroces? Me tocó profundamente, hasta aludido me sentí, ya que venía de una gira de Camargo, otra obra inspirada en este territorio de la maldad y la monstruosidad de los seres humanos.

Y no les adelanto el argumento ni la simpática, filosófica y profunda reflexión que hace Elizabeth Costello en su charla en Ámsterdam; esta obra tiene muchos pisos interesantes para los espectadores y para el teatro que hacemos en nuestra ciudad.

En Bogotá se hace mucho teatro, de todas las maneras, géneros, estilos y formas; sin embargo, nuestro “público general” se inclina, casi siempre, por las comedias, musicales  y/o los cabarets (ojalá con reconocidas actrices de televisión ligeritas de ropa). Y se llenan y agotan boletería y los independientes nos quejamos hasta la rabia del éxito taquillero de ese teatro “ligero”. ¿Y qué haremos? Pues nuestro teatro. El nuestro. Con nuestros medios y fascinaciones y con él formaremos otra clase de público y por allí derecho, intentaremos transformar esa mentalidad “chistosita” del país más feliz del mundo.

Este equipo liderado por Adela Donadío lo logra de manera magistral. Se proponen llevar a escena un capitulo de la novela de Coetzee, casi de manera literal, con distanciamientos y una puesta en escena muy contemporánea (una conferencia).  Nos permiten disfrutar de la palabra, del pensamiento, de las ideas, de la filosofía en escena y el público sale empapado de conocimiento como si hubiera asistido a una clase magistral con una escritora de talla mundial. Y también se divierte, si, porque la buena literatura bien dicha, bien formulada, nos produce ese encanto de la risa inteligente. Y de las actuaciones naturales, verdaderas, cómicas mucho tendría que decir pero solo puedo resumirlo exaltando el talento de actrices de toda la vida, maestras y colegas que han pasado años y años ofreciendo ceremoniosamente su vida al arte. Gracias Rosario, Brunilda y Carlos por su franco e inagotable talento, por su espontaneidad, por su honestidad y todo lo que ofrecen generosamente en las tablas y en las aulas. Adela Donadio gracias por pensar este teatro tan gratamente intelectual, profundo y contemporáneo.

Bárbaro: Franklin Dávalos

No son colombianos, son peruanos y tuve la fortuna de verlos en el marco del segundo ciclo de danza rosa que organiza  La factoria L’explose. Una obra de danza contemporánea escrita y dirigida por Franklin Dávalos que me adentró con vigor y potencia en el territorio de las nuevas masculinidades, alejándose por completo de todos los lugares comunes y estereotipos que encierran estos conceptos tan actuales. Un escenario desnudo donde cuatro hombres se enfrentan a una sociedad inflexible, donde la fuerza se hace carne y la virilidad idioma. Bárbaros reflexiona profundamente sobre un sistema social arcaico y machista en el que la masculinidad es un arquetipo de dureza y violencia. El hombre diseñado para desenvolver un papel mecánico casi antagónico en oposición constante a la fragilidad y vulnerabilidad de su cuerpo y de sus emociones.

Y es que la buena danza te lleva al lugar de la reflexión no solo al placer estético del movimiento y de los cuerpos. En esta obra el espectador puede entrever dos posibles actos demarcados por la música. Un primer acto, el silencio, donde los cuatro hombres nos recrean una sociedad normativa, llena de prejuicios, parámetros y formas de ser masculino. Luego, un segundo acto absolutamente poético, llevado de la mano de la música de Ravel, que nos enseña unos cuerpos frágiles, vulnerables en su desnudez, quebrados en su deseo de ser. Y al final las preguntas ¿Cuál es el hombre que habita en cada espectador? Trabajo potente por su coreografía, por sus bailarines precisos y por encontrar un estudio juicioso y acertado en la dramaturgia del movimiento.

De otra parte, cabe felicitar a La factoría por este ciclo de danza que permite visibilizar trabajos de grandes compañías alrededor del tema de la diversidad sexual abordadas con altura y virtuosismo.

El libro de Job: Montaje de grado de los estudiantes de actuación de la ASAB / Dirección: Johan Velandia

Si, de muy mal gusto hablar del trabajo de uno mismo, al menos lo hubiera incluido en un bonus track, pues no, pueden reír o lanzar sus afiladas dagas a este egocéntrico mortal. Sin embargo, no hablaré de mi trabajo, hablaré de la nueva generación de actores egresados de la ASAB. ¿Y es que estos premios no se llaman Esto-vi? Pues les cuento que durante todo este segundo semestre lo que más vi fue una refrescante oleada de actores maravillosos que llenarán teatros, canales de televisión y cine; actores dispuesto a actuar, sin más y por más.

Y es que me siento muy orgulloso de ser asabita, lo digo sin vergüenza, pues este recinto mágico casi religioso es epicentro de formación de artistas comprometidos con su realidad y su medio. Aprovecho este espacio para homenajear a la ASAB, a sus maestros, a sus estudiantes y a todos aquellos que defienden con ánimo la universidad pública; porque sin la ASAB y todas las  universidades que ofrecen programas académicos en Artes escénicas serios, la ciudad de Bogotá sería peor de insufrible, estos espacios formativos le dan vida, energía y magia a nuestras calles, la visten cada final de semestre con espectáculos de mucha calidad que se alejan del rol académico y que de manera gratuita ofrecen a nuestro público grandes joyas de las artes escénicas.

El libro de Job no es más que la suma del amor por el teatro que ha venido floreciendo en el corazón de 18 actores y un director con limón y sal. Que placer dirigir y dar clase a estudiantes que aman ensayar, que prueban, experimentan, fracasan, lloran, ríen, se pierden, se encuentran, se quejan, se ven los domingos, estudian, investigan y participan de los procesos académicos con su almas, entregándolo todo. Todo. La obra estrenada en el Teatro Libre de Chapinero agotó localidades durante cinco funciones y le robó a los espectadores risas y muchas lágrimas con la historia del tullido de los Méndez y la guerra, esa vieja desventurada que se ha vuelto casi madre de nuestra patria. El libro de Job es el libro de la paciencia que cada actor egresado debe leer para sonreír y disfrutar de las vicisitudes de nuestro medio y de nuestra industria.

Si escuchan hablar de Cristian Ruiz Valencia o de cualquiera de los actores que conforman el reparto de este montaje, paguen la entrada y vean sus obras, muy seguramente saldrán con el alma llena y las manos enrojecidas de aplaudir el talento de esta nueva generación de teatristas bogotanos.

 

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