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Matías Maldonado: Esto-vi en 2019

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Actor y autor de teatro, cine y televisión. Maestro en Artes Escénicas de la Universidad Federal de Bahía – UFBA (Brasil).  Ha escrito, entre otras obras, Técnica mixta (Premio Distrital de Dramaturgia, 2017) y El deber de Fenster (Premio Fanny Mikey, 2011). Fundador y director artístico de Teatro del embuste. 

De ratones y hombres: 4paredes / Director: Manuel Orjuela

Versión minimalista de la poderosa novela de Steinbeck. Y digo minimalista no sólo porque concentre acertadamente la historia en el triángulo fatal de los dos amigos/hermanos y la chica que, con su muerte, precipita el desenlace trágico. Minimalista desde su concepción espacial, Orjuela decide encerrar a sus tres actores en un cubículo diminuto, una especie de ratonera que es a la vez un “pequeño teatrino del mundo”: una ventana diminuta, casi una ranura hacia las pequeñas desgracias del hombre, hacia su miseria y su soledad. Una adaptación inteligente de ese magnífico texto; un reparto maravilloso no sólo por sus  talentos individuales —esos sí, poco minimalistas— sino también por sus contrastes físicos e interpretativos; una puesta en escena sobria y precisa; un acompañamiento musical en vivo sutil y delicioso… Esas y otras muchas razones hacen de esta obra una de mis favoritas dentro de las favoritas del 2019.

Están por todas partes: Algarabía Teatro / Director: Matías Maldonado

Hago trampa, lo sé: no fui simple espectador de esta obra. ¿Y luego qué otra cosa es un director, sino un espectador que no paga sino al que le pagan por ver? Pero más allá del valor mismo de la obra —si es buena o mala, no soy quién para opinar—, la incluyo en esta lista con el ánimo de exaltar la pasión y el rigor de ese grupo de jóvenes actores que me invitaron a dirigirlos y que han decidido llamar a su grupo “Algarabía”. Palabra que, en su sentido original, se refiere a la lengua árabe y, en esa medida, pasó a significar de modo peyorativo un parloteo atropellado e incomprensible. Pero algarabía es también un alegre jadeo de risotadas y voces, una fiesta. Y eso es lo que son ellos: una fiesta, una explosión incesante de creatividad y tezón. Aunque no hay que olvidar que algarabía es también una planta silvestre de la familia de las escrofulariáceas, con la que se fabrican las escobas.

La paz perpetua: Quinta Picota / Director: Iván Olivares

La Quinta Picota es un grupo que se ha ganado, a fuerza de rigor y disciplina, un lugar de destaque dentro de nuestro movimiento teatral. Sus puestas en escena son siempre refrescantes y arriesgadas, sólidas desde lo técnico pero también provocadoras e inquietantes en su expresión. Lo es en especial esta parábola de la humanidad, contada a través de tres perros que compiten por entrar a un cuerpo élite antiterrorista; aunque competir es un término demasiado pacífico para lo que hacen estos tres, un pastor alemán, el cruce de bóxer y dogo y un rottweiler. El texto de Juan Mayorga es, sin duda, un punto de arranque magnífico, al que se le suman unos actores enormemente comprometidos, virtuosos tanto en su despliegue físico como en su capacidad interpretativa, y una puesta en escena sórdida, aterradora, que —parafraseando la famosa frase— nos recuerda constantemente que el hombre es un perro para el hombre.

Mosca: Teatro Petra / Dirección: Bernardo García

Confieso que fui con mucho susto a ver esta nueva versión de una obra que para mí —y creo que muchos de mi generación— fue como una especie de bofetada reveladora, un hito esencial en mi formación como actor y director. Entonces comprendí que todo era ya posible en el teatro. Por eso, fui a ver esta nueva “Mosca” con la aprensión del amante que va a visitar a un viejo amor por el que sintió una pasión enfermiza, con el temor de encontrarlo calvo, viejo y desdentado. Nada de eso ocurrió. La nueva versión, dirigida esta vez por Bernardo García, conserva la frescura juguetona del original, su inmensa libertad creativa, su perversión y su veneno, pero sin recurrir al calco, a la mecánica reproducción de lo que fue y ya nunca más será. Al contrario, logra apropiarse del texto y volver a darle vida, dotándolo de nuevos y perturbadores sentidos. Cuenta para ello con una inmejorable planta de actores, casi todos nuevos respecto al montaje original.

Pero sigo siendo el rey: RuedaRoja / Dirección: Jorge Mario Escobar

Montar la trilogía tebana en versión clown es una idea tan desquiciada como provocadora que sólo ese fantástico director que es Mario Escobar podía acometer con éxito. De hecho, no es algo que se le ocurriera de la noche a la mañana. Con la feliz complicidad de su socia Carolina Mejía, venía trabajando desde hace años en ello y nos había regalado ya un jugoso aperitivo con apariencia de micro-teatro. El resultado final es una obra, por supuesto, muy divertida, pero también conmovedora y profundamente “seria”. A una puesta en escena rigurosa y precisa se le suma el talento desbordante de sus tres actores y, en especial, de la inenarrable Yeni Lara. Personalmente habría preferido que se concentraran en una de las tres obras para llegar un poco más a fondo de los personajes y sus conflictos, sin tener que rendirse a la obligación de “contarlo todo”. Pero eso son ya chocheras mías… Una gran obra sin duda.

Habi-tantes: Hormiguero Teatro / Dirección: Andrés Caballero

Andrés Caballero y sus actores hacen honor al nombre que los reúne. Su teatro es realmente un hormiguero; sus integrantes, admirables hormigas. En primer lugar, claro está, por su trabajo silencioso pero incesante y decidido, que no busca la gloria personal o el destaque, sino que entiende que es en la discreta laboriosidad de cada uno que se encuentra el éxito de la empresa colectiva. Pero también, y en primer lugar, porque sus obras tienen la virtud de picar y rascar, de dejar ronchas y ponerlo a uno incómodo. Con un texto creado en conjunto con Erik Leyton, traen en esta ocasión una versión sombría e inquietante del mundo de los habitantes de calle, aunque no exenta de luz y de un infinito  amor por cada uno de los seres humanos que pueblan nuestras calles, aceras y puentes. Es de aplaudir, además de los actores y el texto, la lúcida consciencia que tienen Caballero y sus hormigas, de que en el teatro todo, el tiempo y el espacio, la escenografía y el juego de luces, todo, absolutamente todo, significa. No ilustra. No. Significa.

Woyzeck: Teatro Colón / Dirección: Jimmy Rangel

Tuve este año la fortuna de que Jimmy Rangel, un Artista al que le caben esa y otras tantas mayúsculas, me invitara a escribir una versión suya de ese “coco” del teatro que es la célebre obra póstuma de Büchner. Pero no es por eso, o no únicamente, por lo que su “Woyzeck” está dentro de mis favoritas. Claro que es un texto fascinante. Pero lo que realmente hizo de éste un proyecto inolvidable, fue descubrir —o confirmar— la potencia creadora de Jimmy. Piensa él con sincera humildad que es tan sólo —¿tan sólo?— un creador de imágenes plásticas para el escenario. Su acercamiento hacia el teatro, en efecto, pasa por la plasticidad de la forma antes que por la búsqueda de un sentido, de un “decir algo”. Más no por eso sus obras dejan de ser enormemente conmovedoras y profundas. Montar Woyzeck es como armar un rompecabezas al que le faltan varias fichas y del que se ignora por completo la forma a construir. Pero Jimmy, en cambio, sí la conoce y de un modo íntimo. Al contrario de muchos de nosotros, tiene muy claro que la forma es ya un contenido.

El traductor: 4 paredes / Dirección: Julián Arango Osorio

Tan sólo una puerta en medio de ese home theater en el que de tiempo en vez se convierte la sala-comedor del apartamento de Manolo Orjuela. No un muro con una entrada. No un vano, o eso que llamamos poéticamente umbral. No. Una puerta. Con marco, bisagras, tapa y cerradura. Una auténtica puerta que se abre y se cierra, que va y viene por el escenario. Es mi recuerdo más persistente de la última creación de ese hombre de teatro que se llama Julián Arango y al que uno quisiera poder escuchar con mayor frecuencia. Y es que, justamente, de eso se trata El traductor, de la puerta que separa a los seres humanos, de la frontera móvil que separa al yo del otro. Barrera lingüística en primera medida, es también un lindero emocional y afectivo, un límite de subjetividades, pesares y culpas: una puerta casi infranqueable entre mi memoria y la de los otros. O, dicho de otro modo, de la dramática imposibilidad que tenemos los hombres para comunicarnos a plenitud.

Grises: La tribu teatro / Dirección: Juan Carlos Agudelo

Muchas veces he escuchado a mi amigo Joe Broderick, un consumado beckettólogo que algunas noches se confunde con el propio Beckett, lamentarse de que la obra del irlandés ha sido en general mal entendida. Se suele resaltar, en efecto, el carácter sombrío y pesimista, así como el minimalismo casi críptico de sus textos, dejando de lado su corrosiva comicidad y su omnipresente sentido del humor. La versión libre de Acto sin palabras II que realiza La tribu Teatro bajo la dirección del siempre magistral Juan Carlos Agudelo, recupera gran parte de esa carga cómica, sin abandonar por un segundo su dimensión poética y su capacidad de conmovernos hasta el tuétano, a través de una pieza de teatro físico sobre la rutinaria y maniática soledad del ser humano. Se dirá que es un disparate afirmar que estamos ante una pieza de clown, pero ¿qué otra cosa son en el fondo esos dos seres anónimos y polvorientos, grises e indefensos? Dos extraños personajes que nos acercan por momentos al sublime arte del mayor de los clowns, tan beckettiano él así sea a su manera, el genial Buster Keaton.

Blanco totalmente blanco: Dirección: Martha Márquez

No digo algo novedoso o polémico al afirmar que Martha Márquez es una de las voces más auténticas y consistentes de nuestra dramaturgia contemporánea. He tenido el placer de leer o ver muchas de sus obras y nunca deja de sorprenderme su capacidad de jugar con el tiempo y el espacio, de construir unos personajes infinitamente humanos, candorosos y aterradores a la vez y de viajar por los distintos registros del lenguaje, desde lo coloquial, casi procaz, hasta el sentimiento más profundo y pleno de poesía. Muchas veces le he dicho, medio en broma, medio en serio, que deberían crear un Premio de Dramaturgia llamado “Premio Martha Márquez” pues se los ha ganado todos, o casi todos. Uno de estos, quizás el primero, fue el Premio de Dramaturgia Jorge Isaacs que recibió merecidamente hace ya más de una década, con esta obra que, al fin, los bogotanos tuvimos la posibilidad de apreciar. A Jaime Castaño, actor caleño integrante del montaje original, vinieron a sumársele dos extraordinarios actores como son Orlando Valenzuela y Natalia Helo.

Postule a sus teatristas y obras favoritas del 2019 en Esto-vi y acompáñenos en la Noche Esto-vi, el 3 de diciembre de 2019 a las 7:30 p. m. en Trementina (Carrera 24 #37-42). Toda la info aquí.

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