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Mensaje de la Revista Conjunto de la Casa de las Américas

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En la foto Vivian Martínez Tabares directora de la Revista Conjunto.

La pandemia ha afectado y sigue afectando cada día la vitalidad y el desarrollo del teatro latinoamericano y caribeño y arriesga la supervivencia de valiosas agrupaciones. Funciones y festivales han debido cancelarse y los ensayos se han suspendido. Mientras grupos y artistas generan iniciativas virtuales para sostener la actividad creadora y la comunicación con el público y con sus colegas de todas partes, con eventos, maratones, monólogos, paneles y talleres en línea, como impulso vital para impedir que el teatro muera, muchos gobiernos neoliberales, carentes de políticas culturales humanistas e indiferentes a la necesidad de preservación y afirmación de la identidad de sus pueblos, dan la espalda a la cultura y a sus artistas.

El movimiento de teatro independiente ha sido por décadas baluarte fundamental de la cultura de nuestra América. Su quehacer, comprometido con el pueblo y sus luchas, reivindica la historia a la luz del presente y, con el punto de vista de los desposeídos, la recrea a través de lenguajes en consonancia con sus contenidos revolucionarios. Los grupos que integran este movimiento ya estaban en crisis cuando los alcanzó la pandemia, pues no cuentan con subvenciones ni apoyos estatales regulares, ni seguridad social ni médica. Los teatristas, junto a muchos otros núcleos de creadores, integran esos grupos olvidados por la sociedad capitalista, a los cuales, como razonaba Boaventura de Sousa, le ha sido más difícil la cuarentena, pues ya padecían desventajas y discriminación.

Colectivos de sostenida trayectoria como la Compañía del Latón, de Brasil, Contraelviento, de Ecuador, y la Casa del Silencio, Corfescu, Changua, de Colombia, se han visto obligados a abandonar sus salas, adquiridas y mantenidas con mucho esfuerzo, por la imposibilidad de costear sus gastos, y hay muchas más al borde del cierre. Así también se han perdido diez locales de la Red de Salas y Espacios Alternativos del Perú, y la Tribo de Atuadores Ói Nóis Aqui Traveiz, de Brasil, ha debido lanzar una campaña para tratar de salvar su sede.

Como reclaman en las redes Patricia Ariza, desde la Corporación Colombiana de Teatro, y Ana Correa, del grupo Yuyachkani, en una mesa de mujeres por la cultura en tiempos de pandemia, es necesario que los Estados declaren en emergencia el sector cultura y en particular el teatro.

Las artes escénicas se consuman en la labor colectiva y en el encuentro vivo y cercano con los espectadores y, como defiende el Movimiento de Grupos de Teatro Independiente del Perú, “es más que un escenario y más que un entretenimiento”. Si el Estado no reacciona, ¿qué pasará con sus hacedores, hombres y mujeres consagrados a compartir palabras e imágenes con el público, estimulados por la energía que rebota del otro lado de la cuarta pared? ¿Cómo salvaremos el legado escénico en vivo de tantos colectivos y la memoria que lo trasciende? ¿Cómo nacerán las obras nuevas y alcanzarán los escenarios los jóvenes actores y actrices?

Junto a las muchas voces que se alzan en nuestra América, la revista Conjunto expresa su apoyo solidario a los teatristas latinoamericanos y caribeños, y defiende su derecho a la creación segura, con salud y bienestar, para el presente y el futuro de nuestros pueblos.

La Habana, 6 de julio de 2020.

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