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Paolo Miscia: Esto-vi en 2018

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Empresario digital en VertiMedios y Crespa A Mucho Honor. Director de investigación en Discovery.  Director de www.soyteatro.com

Como suele pasar, termina el año y pienso: “no he visto todo el teatro que me hubiera gustado ver”, pero —pensando bien— no me puedo quejar; tengo en mente 10 obras extraordinarias que he visto en los últimos doce meses, que fueron tan buenas como para compensar las mediocres y las ni fu ni fa.

El primer lugar de mi personalísimo ranking va para Tratado de culinaria para mujeres tristes: que belleza ver como el texto, la dirección y la actuación se mezclan de manera tan lograda y permiten a cada uno de los elementos brillar desmedidamente. El texto de “el escritor que odiaba el teatro” es lindo, la dirección de Johan Velandia magistral, y la actuación de sus 5 mujeres tristes es impresionante. Felicitaciones al Teatro Nacional por haber creído en un proyecto “no fácil”.

Le sigue El puesto, maravilloso texto del rey de la comedia César Betancur (“Pucheros” para amigos y tuiteros), que en las manos del otro César (Mora, extraordinario) se convierte en un pequeño clásico instantáneo. Este segundo puesto se lo gana El puesto (perdonen la repetición) no por perfección sino por emoción: es el fin de una carrera y de una vida que nos toca de manera inesperada. Es un placer ver la evolución de estos señores del teatro (y de la música, de la comicidad, del cine, de la tv, de la TroVa etc., etc., etc.), y ver como —con la complicidad fundamental de Víctor Quesada en la dirección— logran sacar siempre algo más de su sombrero de magos. (Aprovecho para mencionar la labor de los García y de Patricia Grisales en le gestión del Teatro Patria, que —ya lo podemos decir— ha vuelto a ser parte del universo de tablas de la capital).

De espacio en espacio, que año grato el 2018 en el que vimos a Petra sustanciarse en una nueva (santa) sede: las ideas circulan más rápido si tiene raíces sólidas, y el combo de Fabio Rubiano sabrá aprovechar para dar más y más (bienvenida) lora. Labio de liebre sigue siendo ese momento profundo y verdadero que nos permite mirarnos al espejo que preferimos mantener cubierto; estoy seguro que más de uno de los que fueron al Colón (porque al Petra no creo que vayan) debe haber sentido algo que se le movía adentro… Es una de esas obras que no se improvisan, que requieren profundidad y pasión para ser concebidas y llevadas a término. Bravo.

Refresquemos este recorrido por el 2018 teatral mencionando Aguanilé, el musical de salsa que por meses y meses se tomó las tablas de Cabaret (primero) y CasaE (después). Que lindo ver un texto (original, de Juan Carlos Mazo), un elenco (estelar, en el verdadero sentido de la palabra), una banda, bailarines y tanta sabrosura unirse en semejante fiesta de los sentidos. Qué chévere (y felicitaciones a Mazo) poder hablar de los estudiantes en rebelión en los años 70; que lindo escuchar tantas canciones interpretadas y bailadas así; que rico pensar que el musical colombiano sí se puede. Me quito el sombrero frente a Sandra Guzmán (full disclosure: es mi cuñada —pero créanme que justamente por esto sé de qué hablo—), que con las uñas y con los dientes ha logrado llevar su proyecto de productora a este nivel, con verdaderos espectáculos que ya logran trascender su recinto original. ¿Y qué decir de Mazo? Una sola cosa: que rico esperar su próximo proyecto y sorprenderse con lo que se ha podido cranear (y con su atención a cada detalle: ¡no cambies! :-) ).

Hay otro protagonista de este listado, que de la Argentina nos ha traído su fórmula y ha logrado hacer que algo tan difícil cómo su apellido, se vea fácil como su nombre: es Mariano Bacaleinik, productor de tantos éxitos que ya el listado aburre. Este año, destaco Los bonobos —otra dirección del señor Velandia— con su elenco coral, situaciones divertidas y risa garantizada. A veces siento que nos hacen falta veinte obras como esta cada año, para crear ese público que se pueda atrever con el tiempo a ver algo menos mainstream. Si realmente falta cultura teatral de masa, la manera de construirla pasa por una oferta consistente de comedias de calidad (digo yo), y esto es lo que ha venido haciendo este impronunciable porteño (sigue, sigue, hasta que en la calle digan ahí va la mujer de Bacaleinik ;-)

La gran pregunta si el stand up comedy es o no es teatro para mi tiene respuesta fácil: sí. Definámoslo, un unipersonal sin cuarta pared donde el personaje es el mismo actor y metamos en esta que clasífica a Iván Marín y su joya de la corona: Gózatelo planchando. Las tetas de la vaca Plancha parecen inagotables, pero aquí la idea no es cantar a grito herido sino reír hasta no poder más. Que al salir de la sala te duela la mandíbula es buena señal, y testimonio del nivel que alcanzó este señor comediante: ¡bravo Iván!

Nerium Park y La maratón de Nueva York se ganan su mención en el top 10 por al originalidad de la propuesta. La primera por temática, la segunda por ambientación: la espiral descendiente de una pareja en la locura (¿o no?) de un lado, y una carrera de larga distancia del otro son la oportunidad de poner mucho talento en escena. Destaco a Gianluca Barbadori (el director de La maratón) y a Verónica Orozco, protagonista femenina de Nerium, por su aporte a dos veladas de gran teatro donde la risa no es necesariamente protagonista.

Casi hacia el final, hablemos de damas. Tenemos que mencionar muchas: La dama de negro, que a principios del año que termina completó un año de temporada en el Arlequín (ahora CasaE). Las tres damas que están detrás de esta importación exitosa: de nuevo la Grisales (Patricia Grisales), y las columnas de la Casa del Parkway, Alejandra y Katrin Nyfeler, que también celebran sus diez años revolucionando y oxigenando el teatro y la sociedad. Y hay muchas damas más, pero permítanme terminar con la que me ha acompañado por casi 20 años a cientos de obras y musicales —Andrea Guzmán, mi esposa— que he visto solo este año en 5 trabajos (Ni muerta dejo de vivir, Hay un complot 2, El show de las divorciadas, Cállate y escribe, y Aguanilé) y que no ocupa un puesto 10 sino merece una nota 10…

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