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Reflexiones sobre el seminario: El público: protagonista de la experiencia teatral

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Por: Givier Urbano Ñañez

Director, dramaturgo y pedagogo teatral.
Maestro en artes escénicas.
Magister en escrituras creativas
Director del festival ESE, el otro festival.
Correo. givierurbano@gmail.com
 

Quiero en la presente reflexión, intentar resolver la siguiente pregunta: ¿Qué compra el público con una entrada cuando asiste a ver una obra de teatro? Esta pregunta a manera de tesis, surgió luego de asistir por 3 días al seminario El público: protagonista de la experiencia teatral, realizado en la ciudad de Bogotá, apoyado por IDARTES y ejecutado por la agrupación Púrpura Creactivo. Esta disertación reflexiva contrastará la labor del artista creador, desde varios roles sociales inherentes a su actividad principal, para intentar responder la pregunta.

Breve definición del rol.

El rol, me hace ser otro. El rol puede ser un lugar donde me ubico para conocer, aprender, saber ser y saber hacer, compartir sentimientos, ideas o emociones con otros. También es un estado del ser que indica que estas en el deber irrevocable de comportarte de una manera, que intrínsecamente está determinado por el mismo rol. El rol define rasgos psicológicos del personaje pero el actor está en la libertad de asumirlos o no y según las necesidades del director, lo que cuenta, es el nivel de verosimilitud con que lo resuelva.

El artista creador.

(Actor, director, dramaturgo, músico, coreógrafo, bailarín, diseñador de escenografía, luces, sonido y efectos especiales, vestuarista y maquillador, entre otros)

Para no alargarme en las diferencias entre uno y otro sobre el tema, me tomaré la licencia de agruparlos en el término Artista Creador, pues de alguna manera no es muy distante lo que piensa o cree uno del otro, sobre este particular.

Bien, una idea generalizada que tiene el artista creador sobre cómo atraer públicos para que vean la obra, es que no tiene la experticia o el saber hacer con eficacia esta labor. Quizás sí y quizás no. Creo mejor que es un prejuicio insano, pues se autodefine como creador y no vendedor, como si esto último hiciera indigno tanto al artista como a la obra misma. Desde luego que ambas tareas son diferentes, pero solo en su ejecución, pues en la relación que se establece al momento de crear una obra de teatro, la cual tiene como fin presentarla a un público, entendiendo que el hecho teatral ocurre principalmente en este encuentro, aquí la distancia aparente entre ambas, desaparece.

Parece que el artista creador, asume que al vender su obra, entra al espacio de la “prostitución del artista” idea generalizada en los años 70s que también abarcó el terreno de la televisión específicamente en la labor del actor. Piensa que al ponerse en el rol del vendedor indirecto o directo de su propia obra, se está prostituyendo de la peor manera y al mismo tiempo considera, que el valor estético de su creación, baja drásticamente.

Nada más lejos de la realidad, puesto que se enfrenta a una paradoja, por un lado, intenta diariamente vivir dignamente de su trabajo y no solo porque debe tener las necesidades básicas, satisfechas, sino porque con su creación, está aportando a la transformación del pensamiento humano y social o lo que busque con su obra en relación con el otro, sabe que para lograr estos objetivos, necesita dinero real, que por supuesto, proviene por diferentes canales; la empresa privada, las entidades gubernamentales, instituciones educativas y el ciudadano que es el espectador directamente. Así las cosas, la pregunta: ¿Qué es lo que le voy a vender al espectador? Lo ronda de forma aterradora, pues el solo hecho de “vender” le produce comezón y rasquiña, en un lugar que no será propiamente en el cuerpo.

Una cosa es saber vender o saber gestionar una obra desde el valor estético de la misma y otra es creer que no estoy en el deber de intentar hacer esta labor, poniéndome en el rol del vendedor o del gestor. Quizás no se tenga este saber y la experticia para hacerlo, pero es en este paralelo de vender y/o gestionar donde la pregunta principal emerge, ahora planteada desde el artista creador: ¿Qué es lo que le estoy vendiendo al espectador? ¿Una obra de arte, el sudor, las horas invertidas en dicha creación, un concepto de una forma de vida, un acto de transformación humano, una experiencia metafísica, sublime, espiritual, intelectual, la organización de una dramaturgia bien elaborada, un planteamiento teórico y filosófico bien sustentado? ¿Qué es en últimas lo que intercambio con el espectador? Seguramente transa todas las anteriores y muchas otras cosas más.

Y a partir de estas preguntas nace otra: ¿Será que el espectador considera que con el dinero, está comprando la médula de lo que se denomina arte? Probablemente así lo crea, lo cual nos llevaría a una discusión filosófica sobre el valor del arte. ¿Dónde se encuentra este valor? ¿Qué hace que sea arte? Y hasta qué punto el espectador, sí se está haciendo acreedor de lo que observa, del arte que consume, que contempla, así sea por un espacio de tiempo determinado, que es lo que dura la obra en su representación.

Otra creencia que tiene el artista creador es considerar que no es de su fuero, conocer sobre las leyes o las políticas culturales que rigen su labor y en las variadas actividades a las que se enfrenta como lo tributario, los gastos, lo administrativo, lo político, etc. El artista también está en el deber de conocer, cómo funcionan estos resortes de las relaciones de poder que determinan el flujo directo de la inversión económica, que el gobierno de turno, decreta para el sector de las artes y la cultura.

Para ahondar entonces un poco más en la pregunta inicial, haré referencia a algunos roles en los que se ve interpelado el artista creador, en diversos momentos y en paralelo a su actividad principal. La definición que se da por cada rol es sucinta y buscando lo medular. Por otro lado, en cada rol habita la pregunta inicial, puede que no se haga consciente en cada momento de la vida, pero se pregunta cada vez que se asume un rol.

Desde luego no se trata de ser un experto en dichos temas y menos creer que su “yo” creador se va a extraviar y echar a perder y que por consecuencia de ello, dejará de tener la luz transformadora con el arte, sino para conocer estos saberes, que quiéralo o no, entran al radio de acción en el que se mueve y que debe aprender a manejar.

Gestor cultural

Hábil en socializar la obra y hacer que el cliente, (espectador, empresa privada o pública, institución educativa, etc) comprenda el concepto de su creación desde el punto de vista transformador de lo humano, de lo social y lo cultural o según sea la razón de su creación.

Vendedor

Tiene la habilidad de hacer ver al cliente (espectador, empresa privada o pública, institución educativa, etc) lo vital de adquirir el producto para que esa transformación de la que habla el gestor, inicie su camino y se cristalice en el futuro.

En estos dos roles la pregunta se enfoca desde lo conceptual: ¿Qué es lo que estoy vendiendo? O ¿Qué es lo que estoy truequeando o transando? Cada rol expresa en sí la respuesta pero al parecer es transitoria aunque con intención de marcar huella.

Administrador

Hace funcional al grupo y agradable la sala, para que el espectador viva una experiencia social, cultural y reveladora para su ser. Cuando sus múltiples actividades son pensadas para el beneficio del espectador, es cuando la pregunta toma vida: ¿La obra amerita y vale todo este esfuerzo? La pregunta asume un cuerpo tangible desde la funcionalidad.

Publicista

Prioriza la imagen fija o en movimiento para llamar la atención del espectador y es en este rol, donde la pregunta debe ser leitmotiv permanente. ¿Qué voy a vender? Su acción debe fluctuar entre lo llamativo y lo estético sin traicionar a ninguno de los dos, pues el objetivo es atraer espectadores. La pregunta entonces danza en la cabeza formando un diálogo del equilibrio.

Abogado

Defiende los derechos patrimoniales y culturales. La libre expresión, libre asociación gremial, libre creatividad, libre circulación y exhibición de las obras y es aquí donde la pregunta emerge en términos de: ¿Qué es lo que estoy defendiendo de la obra? ¿Vale la pena defenderla? El valor de la pregunta entra al plano de lo político.

Contador

Lleva un control por escrito de gastos de la sala y el grupo. Este contar y contar, le permite a la pregunta tomar cuerpo estrictamente monetario. ¿Vale la pena comprar esto o aquello? Lo estético cuenta en la medida del gasto necesario o innecesario. Si hay dinero la obra toma un cuerpo mayor en todo sentido, si no hay dinero, se piensa en términos de austeridad estética, de talento humano y materiales.

Productor

Ofrece ganancias o no, esa es la cuestión. La inversión debe verse retribuida a corto plazo por efectos de la calidad de la obra, la gestión cultural y la preventa realizada por el vendedor. La pregunta que surge es: ¿Vale la pena la inversión? La razón entonces es por lo estético y la calidad en términos generales que se verán reflejados en las ganancias.

Si observamos bien, en cada momento de la acción principal del rol, la pregunta se transforma, pero en esencia es igual y alumbra sin remedio: ¿Qué es lo que voy a vender? ¿La obra en sí? ¿Una experiencia en convivio? ¿El esfuerzo de meses de trabajo de todo el equipo creativo? ¿Qué es en sí eso que adquiere el espectador cuando compra una entrada? Y esta pregunta, es lo que lleva a reflexionar al artista creador sobre su labor principal, aunque esté cumpliendo otro rol. Con lo anterior, espero haberme acercado a la resolución de la pregunta.

Un reto provocador

El presente constante es el mismo futuro. Lo que ahora se hace emerge como futuro al minuto siguiente. El presente muere por manos del futuro. Son definiciones que nos ayudan a comprender que el futuro es el presente, en tal sentido, surge la pregunta sobre el espectador del futuro. Las siguientes escenas que propongo, son respuestas a este planteamiento.

El espectador del futuro.

Escena 1. Sala de estar. Casa. Int. Noche. Año 2050.

(Net con gafas de 3D reacciona emocionado a lo que observa. Grita, llora, ríe, se enoja. Deja las gafas en el sofá, va hasta la nevera, toma una cerveza, la destapa, vuelve a sentarse en el sofá. Le habla a su entrevistador)

Net.- Soy un espectador fiel del teatro. Compro las entradas por el sistema digital y ahora que hay mucha oferta puedo ver más teatro que hace unos años. Tengo la comodidad de mi casa donde no corro peligros de la calle. Puedo pausar cuando quiera la acción, ir al baño, descansar, contestar el teléfono, tomar aire y cuando quiera volver a verlo. La realidad virtual es cada vez más real. Uno siente todas las emociones tal como cuando iba a la sala de teatro.

Entrevistador.- ¿Pero que hay con el encuentro y la experiencia sensorial  de verse con otros, con los amigos?

Net.- Por aquí se puede lograr, es más, uno se evita las enfermedades trasmisibles que abundan hoy en día. Puedo interactuar con otros usuarios tal como en el teatro real, el encuentro por lo virtual también sucede, de hecho a mi novia actual la conocí por este medio. Por aquí puedo conocer a los actores, hablar con ellos en tiempo real, con el director, el dramaturgo. Pero lo que se va a imponer dentro de muy poco es la nueva experiencia de ver teatro a distancia. También con gafas. Mire, son estas, pruébelas.

(El entrevistador se pone otras gafas más grandes, mientras Net con su portátil ubica el teatro Colón de Bogotá)

Net.- Observe bien. En este momento está viendo en tiempo real la obra: El público, de García Lorca. ¿Qué opina?

Entrevistador.- ¡Es fantástico! ¡Es como si estuviera allá! Puedo ver a los que están a mi lado sentados, hasta percibo el olor de la sala.

Net.- Eso es posible porque la memoria sensorial está registrada en sus neuronas y solo con observar a alguien fumando usted siente el humo. Sin salir de su casa puede estar en la sala y respirar el mismo ambiente. Convivir con todos, no es virtual, es real. Y la entrada se adquiere por vía virtual, puede comprar bonos o paquetes de obras a precios muy bajos. Es así como soy un espectador del nuevo teatro y no por hacerlo así, el teatro deja de ser lo que siempre ha sido, como muchos aseguraron que el teatro iba a morir. Si me disculpa, quiero seguir viendo mi obra preferida.

(Net se pone las gafas de nuevo. El entrevistador sale de la casa)

Escena 2. Cafetería. Int. Noche. Año 2019.

(Un hombre y una mujer conversan)

Hombre.- Fue verdad aunque sea un sueño.

Mujer.- Deja de estar consumiendo cuanta cosa te ofrecen.

Hombre.- Esta bien, no importa si me crees. Pero hacia esa forma de ver teatro llegaremos.

Mujer.- No lo creo. El teatro es una experiencia vivencial, no virtual. El día que eso ocurra, será el fin del teatro.

Hombre.- Pues te digo que no murió, al contrario, estaba más vivo que hoy. Cada vez que algo nuevo surge se dice que será el fin de otra y lo que sencillamente sucede es que se trasforma, nada más que eso, ni la tecnología, ni la inteligencia artificial van a matar el teatro, al contrario lo van a revivir pues hoy sí que está muriendo por la ciencia de la economía.

Mujer.- Aunque así sucediera como dices, yo siempre iré a la sala, que cuentos de gafas virtuales. Nada como el encuentro personal con los actores y todo lo que en el escenario acontece. Tomarse un café, ver a otras personas. Sentir los olores de las personas. Escuchar lo que charlan, en fin, eso no lo podrá reemplazar la tecnología, por mas adelantos que surjan.

Hombre.- Pues te aseguro que podrá hacerlo, con la misma experiencia sensorial y sin salir de la casa. Podrás comprar digitalmente las entradas, sin efectivo y de manera segura. Te van a ofrecer múltiples maneras de pagar y como la demanda va a crecer, podrás ver más obras en el día, en cualquier lugar, a cualquier hora.

Mujer.- No quiero seguir escuchando más sobre tecnologías que destruyen el encuentro humano.

Hombre.- Lo importante no es negarse a los cambios sino asumirlos como retos. Se trata de dialogar con la tecnología no de pelear con ella, al fin de cuentas llegó para quedarse.

Mujer.- De verdad esas cosas que fumas te están trastornando la cabeza.

Hombre.- Ese joven Net, me dijo que consumía más teatro de esa manera que de la forma tradicional.

Mujer.- ¿Y qué hay con la necesidad del actor de ver espectadores sentados en las butacas y sobre todo, el placer de sentir que lo observan?

Hombre.- Buena pegunta… no me había puesto del lado del actor.

Mujer.- Te das cuenta, la salvación no es la tecnología. Es tarde, mejor vámonos.

(La mujer y el hombre salen)

Conclusiones finales.

Lo antagónico como impulsor de la creatividad.

El filósofo Estanislao Zuleta, había escrito en un texto sencillo pero provocador sobre como las adversidades y las dificultades son motores que impulsan la creatividad, el texto se llama: Elogio de la dificultad el cual recomiendo leer. Lo traigo a colación, porque durante el seminario, entre muchos otros temas, se habló de como las redes sociales, lo tecnológico, el marketing digital, plataformas como Netflix y otras más, compiten con el teatro y fueron vistos como problemas que dificultan la asistencia de públicos. El texto de Zuleta es revelador porque pienso que en lugar de tomarlas como problemas insalvables, deberían verse como oportunidades antagónicas para generar estrategias de atracción de espectadores.

Cuando digo antagónicas me refiero al hecho de que es en esas fuerzas opuestas donde se hace fuerte el teatro, pues al asumirlas como retos de manera inteligente, se encuentra que el teatro sigue siendo un espacio de asombro permanente, por solo mencionar una de sus bondades. En este sentido, descubro con agrado que no se trata de “echar culpas negativas” a estos antagónicos, sino por el contrario, de volverlos aliados para intentar solucionar la pregunta de esta reflexión y del tema del público en general.

Asignatura pendiente.

Hay una asignatura que está pendiente y que le corresponde a dos actores empezar a estudiar y sobre todo, ejecutar: el artista creador que toma el rol de grupo creador y al estado en el rol de las entidades del arte y la cultura. Estos dos actores enfocados en la formación, educación o seducción de espectadores para el teatro. ¿De qué forma?

Para los grupos:

  1. Creando espacios concretos y reales para la construcción de públicos desde la charla directa con un marco teórico bien elaborado para su correcto funcionamiento.
  2. Ofrecer productos de alta calidad artística, no solo que sea bonito y divertido, sino de hacerle experimentar que su mundo interior se va a transformar esa noche, que es donde radica lo valioso de la experiencia. Por otro lado, no confundir esta experiencia como el acto de asustar, irritar ofender, lastimar en lo físico y emocional al espectador, pues esta acción real y concreta, si bien puede ser innovadora, rara y hasta agradable para algunos, también puede ser chocante y negativa para los propósitos de seducir espectadores.
  3. Ofrecer un espacio, desde la entrada hasta la platea o lugar de representación, agradable, confortable, seguro y de confianza en su permanencia.
  4. La atención de todo el personal que colabora que sea amable y atenta, dispuesta a solucionar, informar y responder preguntas acerca de la sala, el grupo, las obras, con precisión y seguridad.
  5. Promoviendo actividades interactivas entre el grupo y el espectador que pueden determinarse al inicio o final de la obra.
  6. Por medio de las redes sociales. Un marketing digital y cultural bien elaborado, para seducirlo y sobre todo fidelizarlo al grupo.
  7. Ofrecerle descuentos, promociones, bajos costos de boletería.
  8. Beneficios por las alianzas con marcas del mercado.

Para las entidades gubernamentales.

  1. Continuar con los Apoyos concertados, vigilar para que se preserven y aumenten los beneficios.
  2. Promover acciones de formación de públicos no solo desde la intervención directa con estos, sino y primordialmente, apoyando a los grupos económicamente para que mantengan su repertorio y su creación a la orden del día.
  3. Apoyar la circulación de sus obras, en festivales nacionales e internacionales.
  4. Fomentar la consolidación y manutención de nuevas salas para los grupos emergentes.
  5. Fomentar y apoyar los nuevos festivales de artes escénicas que emergen no por capricho sino por necesidad del gremio.

One Response to Reflexiones sobre el seminario: El público: protagonista de la experiencia teatral

  1. Enrique Espitia león dice:

    Capitulo aparte merece analiza otros públicos y las estrategias para acercarlos al teatro, me refiero al teatro infantil y al teatro para calle y espacio público.

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