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Sororidad en escena: pacto de lenguajes

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Foto de Pies morenos sobre piedras de sal tomada por Carlos Mario Lema

Por Liliana Alzate  Cuervo:

Actriz, dramaturga, crítica teatral, autora de los libros El teatro femenino: una dramaturgia fronteriza y ¿Cuál es su problema fundamental. Diálogos con Santiago García.

Pensando en un teatro de búsqueda y con la necesidad de ver nuevos procesos creativos que lleven a la construcción de una estética, que no solo informen directamente sobre el contexto de forma obvia, sino que busque significados más polisémicos para lograr una transformación artística de lo cotidiano; me encontré en La Factoría L’explose en el  estreno de  la reciente obra de Abra teatro, Pies morenos sobre piedras de sal de la dramaturga colombiana Ana María Vallejo junto con el compositor argentino residente en México Federico Valdez. Los proyectos se integraron por duplas (músico-dramaturga) que llevaron a cabo un proceso de creación conjunto de un texto dramático y una composición musical y fueron ganadores de la beca Iberescena e Ibermúsicas 2016. Así la explicaron sus jurados: La obra dramática es un “intento de rozar desde la escritura, la textual y la musical, cierta vacuidad angustiosa de la vida cotidiana actual […] Así, música, palabra e imagen, quieren sutilmente evocar desde lo más insignificante una suerte de fracaso, humano y ecológico, silencioso, pero también su contraparte en la posibilidad del gesto amoroso”. Texto iberescena 2016

El montaje es asumido por Abra Teatro, compañía teatral que dirige Adela Donadío aproximadamente desde el 2009, y la cual está compuesta en su base inicial por Rosario Jaramillo, Brunilda Zapata y Ana María Vallejo.

Son ellas creadoras, escritoras de la escena, la actuación y la dirección, una muestra de sororidad teatral, un pacto femenino que han encontrado a través de los años y el cual han hecho urdimbre con otros cómplices, construyendo un lenguaje teatral propio. Aprovecho este espacio para destacar sus historiales en la creación teatral femenina colombiana e invito a los especialistas académicos a ahondar en el papel que juega esta particular concepción dramatúrgica de Abra teatro.

Todo lo anterior me lleva al primer aspecto que quiero subrayar en este articulo: la creativa en sororidad, para aclarar este concepto, para los que aún no la han escuchado, viene de la segunda ola del feminismo y recoge en un solo concepto la amistad entre diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer, que se encuentran y se reconocen para vivir la vida con un sentido profundamente libertario.

Y para empezar este planteamiento  pongo en la mesa mi lectura de la obra. Inicialmente este pacto nos recuerda las diferencias entre la dramaturgia textual y la dramaturgia de la escena, dibujando una frontera de riesgo en la creación dramática entre escritura, música e interpretación; demostrando así, la confianza y la fortaleza de este pacto creativo; sobre todo en tiempos en los que la ficción se queda corta ante la abrumadora realidad. La búsqueda de las teatralidades individuales en sororidad o pacto, abre un camino lúcido para conocer la alteridad, para descubrir los misterios del tú, de los otros y de la comunidad reflejada. Se devela en la escritura y el montaje  una serie de habilidades que permiten ser a la dramaturga en escena como un observador perenne de la humanidad, de sus comportamientos y de sus esperanzas.

Otros pactos develados

El hilo conductor aparente  de Pies morenos sobre piedras de sal es la historia de un francés que recorre en bicicleta y desaparece en extrañas circunstancias en el  desierto de La Guajira; los acontecimiento transcurren en dos lugares geográficos: La Guajira y París, en estos dos espacios la autora propone segmentos de vida, de momentos que se tejen en sororidad con las atmósferas simultáneas creadas por el grupo de intérpretes bajo la impecable dirección de Adela. Esta comunión de voces se lanza a lenguajes que buscan nuevas formas de creación, la integración de lenguajes artísticos, nos coloca al filo deteniéndose entre la literatura y la dramaturgia, el sonido y la música. Construyendo una teatralidad particular en el montaje ya que traduce en imágenes contundentes el sentir de la urgencia vivida en esta zona del país, alejándonos de un teatro de pasatiempo, conteniéndonos en la existencia humana en un tiempo vital.

Ana María Vallejo utiliza con inteligencia y buen humor la palabra literaria y la dramática, potenciando su propio discurso; un plano narrativo es París, en donde plantea  preguntas existenciales de la condición humana: la inocua vida social en pareja de clase media acomodada, el apego a las mascotas en un mundo moderno y otras particularmente femeninas como:  la necesidad de la maternidad como hecho natural, la relación con un amante: dice el amante- soy un hombre así, -¿y cómo es un hombre así?, le preguntan sus compañeras de cama… en fin , variadas preguntas filosóficas de la existencia moderna en clave femenina que se repiten y establecen una distancia con el otro plano narrativo del texto que engloba el terror de la violencia colombiana.

El segundo plano narrativo es La Guajira, la zona es ilustrada con imágenes abrumadoras como: un cruce de caminos en medio del desierto donde una mujer Wayu cocina al borde de la carretera. La mujer Wayuu es interpretada impecablemente por Brunilda Zapata; la niña indígena Geraldine Arévalo, que logra construir el hambre, la sed y el abuso de las mujeres en esta comunidad, sin decir una sola palabra en toda la obra con su emotiva actuación; el moto taxista colono o guardián de Juan Pablo Acosta con una minuciosa partitura gestual que nos evoca permanentemente el calor y la desesperanza de sus paisajes.

El tercer plano narrativo son los sonidos en escena: el ruido de las botellas de plástico vacías, los constantes hachazos sobre una carne de chivo, la arena o sal que se riega sobre el escenario que  termina componiendo una suerte de instalación sonora. Todos estos sonidos se sobreponen unos a otros en paralelo con las imágenes y partituras corporales de la obra. Pies morenos sobre piedras de sal nos va develando, de forma fractal, un contexto fronterizo entre París y el desierto de la guajira colombiana.

Sobre el telón de fondo se proyecta un cartel de publicidad política vemos el candidato con una sonrisa que promete bienestar. A lo largo de la obra este cartel va mostrando por medio de la intervención, un diente que es borrado con tinta negra, el sol va dejando la imagen borrosa, de manera que el paso del tiempo se hace visible. Se dibuja un patético juego de la realidad política de nuestro país, conformando otro pacto de lenguaje que dialoga durante toda la presentación, esta misma proyección de cuando en cuando, nos muestra un ojo gigante de chivo que nos observa y que sabemos que esta pronto a ser decapitado.

La obra nos lanza al vacío a una tierra de nadie en donde la corrupción es latente, la verdad de nuestros conflictos sociales se devela solo en la periferia de la caja negra, particularmente una violación es enunciada:

Una niña violada dice el guardia
Turista: ¿y cómo sabe que fue violada?-,
Guardián – porque sus calzones amarillos tienen una mancha de sangre.
 
 

Así mismo sentimos la escasez del agua, el hambre, la explotación minera, muchas de estas situaciones se enuncian sin voz, a lo lejos, detrás del sonido estridente del artista sonoro y la voz de la escritora. Mientras en primer plano los diálogos de las parejas se extienden hasta el cansancio en reflexiones personales.

Pacto de voces

La autora, personificada por Rosario Jaramillo, tiene un permanente diálogo con el músico Juan Luna, que evoca al argentino Federico Valdez, quien concibió el universo sonoro de esta historia. Ambos serán los pilares dramatúrgicos también en pacto, esta vez entre voces, ellas nos van cuestionando el lugar de la narración, la forma de contar los relatos, de sonar los acontecimientos. Enfatizan algunas imágenes con silencio cargados de sentido. La obra en sí misma, se hace responsable de una mirada colonizadora de nuestra realidad al hacer la pregunta sobre el lugar desde donde se mira el presente que vivimos.

La  voz de la escritora y la voz del músico, nos van guiando en el mapa de la obra y son puentes con el público asistente, nunca nos dejan olvidar el lugar del espectador en que nos encontramos. Nos vuelven cómplices del cansancio del texto, de lo estridente de la propuesta sonora, pone en juego y en burla satírica las maneras de hablar de los personajes y la construcción dramática contemporánea; evidencia los egos de los llamados “artistas” frente a la creación de una realidad que desconocen y desprevenidamente nos sueltan en caída libre ante la memoria viva de la  barbarie diaria de nuestro país. Al final quedamos solos ante nuestros propios cuestionamientos.

El otro pacto aplaudible es la ruta entre la literatura vs dramaturgia. Punto común en los últimos montajes dirigidos por Adela y creado con sus cómplices del grupo Abra Teatro, pues ya moldean un discurso transdisciplinar entre el texto-palabra y el texto-imagen, desatando un fino humor intelectual; ejemplo de teatralidad fronteriza en sororidad que yuxtapone asertivamente  las artes expresivas e interpretativas.

Finalmente les agradezco de pie como espectadora a los intérpretes: Brunilda Zapata, Rosario Jaramillo, Juan Luna, Devora Roa,  Geraldine Arévalo, Juan Pablo Acosta, Natalia Montes, Juan Manuel Barona y Carlos Mariño la creación de las imágenes desde la voz  poética en el presente teatral y el riesgo de la escritura dramatúrgica de las creadoras Adela Donadío y Ana María Vallejo que sostienen con un hilo delicado los espacios de ensayo, lectura y acontecimiento.

Parafraseando el  texto  final de la voz de la escritora en la obra, será mejor que dejemos  ahí….para que en algún momento puedan todos asistir a este pacto de lenguajes y  sentir y ver con sus propios ojos la sororidad en la escena de estos Pies morenos sobre piedras de sal.

Se terminó de escribir en Chía, Cundinamarca, el 1 de marzo del 2020.

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