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Teatro Experimental Fontibón 40 años

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El 15 de agosto de 1979 se fundó una de las agrupaciones más representativas del teatro de calle en nuestra ciudad y el país. Jóvenes que enfrentaban los dilemas políticos y sociales de aquella época con acciones artísticas que realizaban en las calles de su municipio, antes de convertirse en localidad del Distrito Capital, construyeron lo que hoy conocemos como Teatro Experimental Fontibón.

Han pasado 4 decenios dándole vida a proyectos para teatro de calle y sala, y se han dado a la tarea de llevar el teatro al público y seducir al público para que los acompañe en su acogedora sala Augusto Boal. Hoy la agrupación se reconoce como una organización sólida que desde sus ejercicios artísticos y de gestión se destaca en el panorama teatral bogotano.

Kiosko Teatral abre el siguiente espacio a las palabras de la actriz Ivonne Carrillo, que escribe unas líneas a quien la ha acogido como artista y quien por estas fechas celebra 40 años de su fundación:

Teatro experimental Fontibón, un espacio habitado

Soy actriz del TEF. Es una elección libre dedicar la vida al teatro, así como lo es pertenecer a un grupo teatral. Se decide vivir para el teatro desde una pasión irresistible sobre la cual, si no a todos, sí a la mayoría, nos previnieron cuando empezamos a desear vivir y pensar este arte como EL CAMINO DE NUESTRAS VIDAS. Es una decisión transgresora que se vuelve aun más incomprensible cuando se decide crear una agrupación o pertenecer a ella. Aún hoy me siento parte de una utopía que siempre quiere ser una utopía: un buen lugar, entendido como que cada uno de nosotros somos un espacio habitable y transformable, así gran parte de las posturas y sistemas sociales nos entienda como una distopía. Nosotros somos una utopía y tal vez es esa la razón por la que necesitamos estar juntos: porque el teatro es jugar, dialogar, imaginar, creer, proponer, contradecir(se)… Es el mismo juego que realizamos todos los días cuando nos vemos los unos a los otros en este colectivo, que no deseo comprender como una familia, sino como la necesidad de convivir con los demás. Seguramente prefiero comprender al TEF como la comuna teatral que protege la individualidad de las personas que la componen. Somos ese grupo de gente, ese colectivo de lugares habitables que flotan juntos y mueven entre todos esa pequeña y maravillosa isla flotante. Indiscutiblemente, somos unos soñadores que necesitan de otros para realizar los sueños, así estos no sean los que soñamos en principio, sino los que construimos entre todos.

Ser grupo es sorprenderse con lo que se deja de ser constantemente, con eso en lo que nos vamos convirtiendo día a día; es querer comprender los sentimientos, acciones y decisiones humanas desde lo vivencial; es desear transformar y permitir que me transformen haciendo teatro, un oficio que como arte requiere de prueba y error, de explorar y descubrir constantemente. 

Voy a los orígenes, a uno de tantos, mi primer contacto con el grupo, en la universidad… Es en la Peda donde me encuentro a unos estudiantes muy hábiles “del TEF” de Fontibón —una localidad que ni siquiera sabía dónde quedaba—, que hablaban de un tal Ernesto. Allí siento una admiración profunda por el trabajo de Dayán Rozo, Yeimy Vasco y de Fabián Castellanos. Dayán y Yeimy eran unas actrices excepcionales que gozaban de interpretaciones muy sentidas y elaboradas, y Fabián era un actor con una potente presencia escénica. La primera de las dos veces que he visto al TEF como espectadora (por cierto, una fue tal vez en el 2005 y la otra el año pasado) fue en el maravilloso Parque Nacional -escenario magnificente en el que nos presentábamos constantemente gozando del aplauso grato de grandes públicos que amaban el teatro y ansiaban más-; esa vez vi Elegía o del abandono y aplaudí la interpretación que realizaban mis compañeros de universidad, quienes casi sin decir palabra causaban que el público, del que yo hacía parte, se estremeciera y conmoviera profundamente.

Yeimy me invitó al TEF, pero los compromisos no me permitieron estar. Luego fue Fabián, quien me hizo partícipe de la comparsa La boda. Esa comparsa fue espectacular, hoy la recuerdo y entiendo realmente la potencia y la técnica de la misma, aunque en ese momento yo solo iba halando mi carrito y disfrutando de mi pequeño personaje, en medio de otros que eran gigantes. Personajes desarrollados por el TEF y Nemcatacoa, que eran los mejores zanqueros nacionales que había visto en mi vida y, por Orqueseos, unos bailarines muy profesionales, también de la localidad.

Yo gozaba de adentrarme rigurosamente en medio de la locura en los preceptos de Eugenio Barba; pero fue en mi primera presentación con el TEF, en un patio de un colegio público de Fontibón, cuando entendí que esos aprendizajes de la antropología teatral tenían sentido si eran probados en escenarios de ese talante. Definitivamente, la sala de teatro brinda una comodidad que en los espacios abiertos no existe, así, cuando transitas estos últimos descubres si logras o no captar la atención de un espectador; es en la plaza y en la calle donde se puede probar ampliamente la implicación de la técnica de la antropología teatral. Con el tiempo y con la obra La boda, empecé a entender la importancia de lo popular en la creación escénica, navegué por plazas atestadas de gente riendo, personas que no sabían hacia dónde mirar porque estaban invadidas de la simultaneidad de las imágenes de la obra.

Puedo relatar muchas anécdotas de lo vivido en el TEF, de los accidentes, los miedos, los aprendizajes, la belleza de estar en El canto de las moscas en tantas plazas públicas del mundo con el mismo dolor de madre, de la emoción de montarse en los espejos de Stultitia, de los inmensos públicos que hemos tenido, de la vez que en Ecuador solo tuvimos de público unas seis personas a metros de distancia porque ahí no existe el teatro de calle; del intento de golpe de estado allá mismo en Cuenca, del dolor de ver partir a nuestros familiares, amigos, compañeros del teatro, al negro Edwin, a quien he extrañado, del miedo y la alegría de construir la Sala Augusto Boal, de los bellos y maravillosos públicos, del sonriente Alex Ticona que nos recibe siempre en nuestra sede peruana, La Tropa del Eclipse; de Raúl, quien es capaz de escribir una obra para el TEF y entregárnosla en nuestro cumpleaños; de Licko, Carlos Ivan, Maribel, Ofelia, Sandrita, Michael, Paulita, Zagato… No podría escribir los nombres de cada persona en nuestra memoria, porque se nos irían libros y libros de contar lo que vivimos con tantas bellas amistades y sorprendentes públicos.

Definitivamente, cada cosa vivida es una emoción muy fuerte. No existimos si el público no nos habita, así que gracias querido público que de repente nos identifica, incluso cuando estamos en otros eventos, lejos de la sala. Gracias a las amistades, a los grupos de teatro, a los encuentros, a los festivales y a las casas que sin siquiera conocernos nos abrieron sus puertas. Es bello tener esta Sala Augusto Boal que le pertenece a las comunidades, es un gran logro de ustedes, los que nos acompañan, esta es su casa, ustedes lo saben. Cada día nos transformamos y permitimos que nos habiten, porque 40 años no significan estatismo, ni permanencia en, no son costumbre ni tradición y menos miedo, son la reivindicación de la constancia, del acompañarse, del dejarse permear, del compartir, del querer ser transformado, del creer en la libertad, del ser, permitirse y permitirnos ser cada vez más libres.

Así que hoy celebro, agradezco, beso y abrazo a cada uno de mis compañeros. A los Ramírez Arias mil gracias porque en la humildad y sencillez nos han convidado a ser parte de esto que llamamos TEF. A Emilio siempre gracias por mantener sus criterios éticos, a Ernesto por llenar nuestros días de vitalidad y ganas, a María Elena por brindarnos lo mejor de todo siempre, porque en ella siempre existe un hogar. ¡Gracias Ange, Gloria, Yohan, María Elena, Emilio, Ernesto y Fabián! Son únicos los aprendizajes que he compartido a su lado y vastas las experiencias que continuaremos viviendo.

A mis compañeros y compañeras, al TEF, y ahí me incluyo, les deseo larga vida teatral, que alcancemos la sabiduría y la experiencia de la vejez, y no nos abandonen ni la alegría ni las ganas. Nadie nos quita lo vivido así existan los finales o los allendes. Que el rigor estético y la pasión por el teatro estén siempre con nosotros, que no nos abandonen los ensayos, que sean cada vez más las funciones, que el público nunca deje de  transformarnos, que esta sala siempre esté habitada, que seamos cada vez mejores como personas y como artistas, que nunca dejemos de dormir en bellos lugares como una estera en una casita en medio de un desierto, compartiendo nuestros sudores, olores, genios, chocheras, alegrías y lágrimas. ¡Gracias compañeras y compañeros del TEF, amo nuestra libertad!

            Agosto 15 de 2019

 

One Response to Teatro Experimental Fontibón 40 años

  1. karen dice:

    me gustaria ser parte de este grupo, como logro entrar?

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