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Teatro: Los cuerpos no nombrados en el 2019. De la Loa al Rumor

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Por Liliana Alzate  Cuervo:
Actriz, dramaturga, crítica teatral, autora de los libros El teatro femenino: una dramaturgia fronteriza y ¿Cuál es su problema fundamental. Diálogos con Santiago García.

A propósito de lo convulsionado del final de este mes años en nuestro país, he puesto atención al transitar de los cuerpos en resistencia, es innegable darnos cuenta de como los cuerpos de los colombianos y colombianas se pusieron en la calle cambiando sus lugares cotidianos en un estado de performance cultural de protesta. Caminado, danzando, tocando, cazeroliando, en fin, corazonando una acción del inconformismo.

Conocemos las razones que provocaron estas acciones, pero lo que no leemos aún son los linajes de nuestros cuerpos maltratados y abusados, como se van reflejando en cada paso que damos hasta llegar en algunas oportunidades a la muerte, como en el caso de Dylan Cruz.

Él es un ejemplo de cuerpo cultural ya que al morir, su cuerpo se transformó a cuerpo víctima, a un cuerpo colectivo que luego fuimos todos los colombianos. Así como también eran los líderes, campesinos e indígenas asesinados. Todos los tránsitos de estos cuerpos en acción hablaban del cuerpo como historia y memoria en lugar de representación. Recordemos que la historia de Latinoamérica está escrita sobre los cuerpos, ya sea por sus marcas desde la esclavitud o la inquisición, hasta la adoración fetichista de sus partes por la religión católica.

Hablaré entonces desde mi cuerpo cultural en transitó entre marchas y teatros, no para comparar los trabajos sino por compartirles un recorrido de voces femeninas entre siglos de distancia que me hablaron de un sentir de cuerpo histórico en la ciudad. Primero no era coincidencia que mi cuerpo transitara entre marchas y las butacas de dos teatros del centro bogotano. La revelación comenzó en la lectura de los cuerpos culturales desde la historia colonial, con la Loa del divino Narciso (en la foto) hasta los cuerpos de la guerra actual en tiempos de paz con Rumor.

Primero Loa a El divino narciso (1690) antecede al auto sacramental El divino Narciso, de Sor Juana Inés de la Cruz (México, 1651-1695).  La pieza escrita en una mezcla de náhuatl y español, en 1689. La pequeña pieza está escrita en versos octosílabos con rima asonante, como los romances, y en ella, Sor Juana pone en duda la utilidad de la conquista. En el otro extremo de la cartografía recorrida esta Rumor, Beca Ciudad de Bogotá de creación en Arte dramático en la categoría Directores de larga trayectoria Idartes 2019 de Carolina Vivas y su Grupo Umbral teatro, donde se pone en duda la alcanzada paz  y nos susurra al oído la guerra interna que continúa día a día en el territorio colombiano.

Loa

Los cuerpos transitaron siglos en clave femenina, por un lado Sor Juana Inés de la Cruz evidencia en Loa al Divino Narciso, el tema de la conquista de América y la cultura indígena vs la religiosa, así como los efectos de la colonización española sobre el Nuevo Mundo, se mezclan tocando sutilmente aspectos fundamentales acerca de la violencia de estas épocas y la evangelización.

Esta forma de asimilación cultural tan audázmente elaborada por la monja era una forma de reivindicar al indio como sujeto cultural, además de problematizar las certezas de la Iglesia y la política de la época, situándose en una orilla evidentemente fronteriza. La lucha ante la religión católica y el poder en la evangelización se representó en duplas por los estudiantes de la ASAB bajo la dirección Camilo Ramírez Triana.

Por otro lado Carolina Vivas en Rumor, logro crear puntos de condensación del deseo entre el sonido, la imagen y el texto, evidenciando las diversas estructuras de poder que aún nos atemorizan en el país. Un cuerpo desnudo cruza el escenario mientras barre el espacio, en el esta marcado: “por puta”, pequeños gestos de los dedos masculinos recorriendo una niña, la violación de una muda, la desnudez de un cura, son algunas de las imágenes que saltan como gritos de lucha y parecen alertar la urgencia de la lectura de los cuerpos violentados en esta guerra.  Y  son estos cuerpos que como botín de guerra son asumidos como pruebas de la oscura irracionalidad del mundo a la que pertenecen las mentes de sus victimarios. En Rumor es legítimo el argumento para acabar el poder de la agresión. La obra parece exigirnos al público un examen minucioso a nuestro corazón, un detalle infinito que transforme realmente la concreción del deseo de resistencia.

Los relatos que se inscriben en el cuerpo de los actores de las dos obras que reseño son evidencia de la práctica cultural  que se vive en este ambiente de resistencia, esta práctica es también lingüística, discursiva, y pasa en tránsito entre el cuerpo social y el cuerpo cultural, como si al ocurrir las representaciones ocurriera un retardo histórico del criollismo y un no-lugar de la utopía americana, como un peregrinaje hacia un desequilibrio absoluto, hacia una verdad develada en susurro.

Algo más sobre las obras

Loa al Divino Narciso

La obra fue estrenada por el de sexto semestre de la ASAB. Vale la pena recordarle tanto al público que asistió como a sus maestros, la importancia de esta autora y la validez en épocas actuales de volver a escuchar su voz.

Para subrayar tenemos su claridad sobre el concepto de mestizaje en nuestra América Latina, el cual ella promovía desde esa época y que va más allá de la versatilidad de su verso octosílabo y la precisión de su castellano. Es urgente hacer una lectura americana de su palabra, aún hoy vigente desde la academia para que por fin En Pompa festiva celebremos al ¡gran Dios de las semillas!

Sor Juana Inés de la Cruz es la dramaturgia americana del siglo XVII con quien encabeza un pensamiento filosófico femenino a través de su poesía y por medio de su prosa, y escribió el “Primer Manifiesto feminista del Nuevo Mundo”. Esta gran mujer, pese a ser monja con votos de obediencia y humildad, enfrenta los lineamientos de toda una época destacándose como la primera mujer en el mundo hispánico que enfrentó, razonadamente por medio del ensayo, una defensa de la educación en las mujeres, como un medio indispensable hacia su liberación. La voz femenina de Sor Juana Inés de la Cruz es así, altamente feminista, al enfrentar y cuestionar por medio de su obra el ordenamiento social que ha ubicado a las mujeres en posición de desventaja, con respecto al hombre en su conocida Respuesta a Sor Filotea.

Sor Juana Inés de la Cruz llegó a representar sus obras incluso en la corte de Madrid, pero quedó relegada por largo tiempo hasta que fue rescatada en el siglo XX, ello a pesar de ser una de las creadoras más significativas de la América de su momento, en la que gozó de una gran celebridad, y cuya poesía teatral es uno de los aportes más significativos de la americanidad hispana.

Luego, entre los siglos XVIII y la mayor parte del XIX, la voz femenina parece minimizarse hasta el límite del silencio, un largo silencio de negaciones radicales. La misma figura de Sor Juana se eclipsa entonces. Y es sólo hasta el siglo veinte cuando el sorjuanismo mexicano y latinoamericano reivindica a la genial monja.  Debemos recordar que México es una de las sociedades de mayor peso en el mundo colonial que por tres siglos restringieron a las mujeres al hogar, al convento o a la iglesia.

Entonces, ella es la demostración de que la frontera del convento, para quienes me siguen en esta búsqueda de nuevos sujetos de interpretación, es un importante espacio para encontrar distintos textos dramáticos; y al incluir este texto en un programa académico como el de la ASAB, da luz de que por fin se incluirán las mujeres dramaturgas de la historia en los pensum académicos, ya no como inspiradoras sino como mujeres creadoras dentro de los márgenes establecidos en una sociedad altamente tradicional.

Recordemos porque Sor Juana quiebran el dominio masculino y colonial no solo al realizar una actividad que se estimaba como prerrogativa propia de los hombres: la literaria. Sino por el adelanto de su concepto de mestizaje cultural, recordemos que la Loa antecede al auto sacramental El divino Narciso que fue publicado y se representó por primera vez, en 1689.  Con él, Sor Juana pone en duda la utilidad de la conquista, por lo menos en su aspecto militar.

Espero que el grupo y su director han sido conscientes de estos precedentes de la autora dentro de la investigación para su montaje, además de la validez de incluir la palabra americana en las academias nacionales sobre todo en estas épocas convulsionadas.

Elenco: Paula Fernanda España, Teyuna Victoria Acosta, Valeria Castañeda, Linda Lucero Villamizar, Lizbeth Valentina Silvestre, Cristian  Smith Chitiva, Daniel Alejandro Muñoz, Manuel Gonzales, Harold Barragán, Javier Felipe Oyola y Javier Camilo Rincón.

Como segunda frontera tenemos a Rumor de Umbral teatro

Rumor

En la indagación que he hecho acerca del estilo de la escritora Carolina Vivas se encuentran imágenes comunes en sus representaciones, el baño, los apagones súbitos, los testimonios de las víctimas, las atmósferas sonoras que completan los significantes dramatúrgicos, reconociendo en ellos un proceso en la escritura del texto del espectáculo.

En sus tramas retoma residuos de una individualidad alterada por las situaciones políticas y económicas, haciendo asumir al receptor una tarea fronteriza del momento presente. Sus características narrativas se han reconocido por ser fragmentadas, conscientes de los excesos y de un rigor en la condensación de la imagen. Así como el uso de testimonios de las víctimas de la guerra de este país. Pero, en Rumor se demuestra como la escritora, en la imagen va complejizando su tejido dramático, logrando una exquisitez textual con la dramaturgia sonora y vocal;  si bien la teatralidad es evidenciada y nos aleja de la anécdota macabra del miedo de la guerra, al mismo tiempo nos abre el corazón ante la cercanía con los cuerpos que representan la historia.

Es primordial abrir el corazón para poder sentir los pliegues de Rumor. La estructura propuesta desde la actuación y los cuerpos en la imagen esta en desequilibrio como ejemplo de la justicia del país. A medida que avanza la obra se va desmenuzando la historia de cada uno de los personajes de un pequeño pueblo del territorio nacional, enfrentándonos al miedo desde la periferia de la violencia, que aún hoy nos detiene como sociedad civil.  Rumor imbrica un alto nivel literario con lo visual y lo sonoro, hallado tanto en el texto de las víctimas como en los textos de la representación, una  manera de estructura de doble faz.

La escritura de Carolina Vivas muestra una insistencia obsesiva en las márgenes sociales que se enfrentan a ciertas perversiones de la guerra, tal cual como en las calles, se va construyendo una poética del margen, de la línea. La Vivas y su grupo le apuestan a la otredad, a la memoria rota, a los discursos no oficiales, a ciertas individualidades cautivas, siempre en tránsito. De pie aplaudo sin cansarme al  elenco de Rumor: Carolina Beltrán, Juan Pablo Acosta, Kelly Natalia Coca, Fabián Andres Mejía, Nataly Vázquez, Alfredo Aguilar, Juan Carlos Campos, Bibiana Hernández, Ignacio Rodríguez, Daniela Eugenia Vargas, José Luis Díaz, Karen Escobar, Marco Aurelio Vázquez y Daniel Rodríguez Vivas.

Ya a la salida…

Ya saliendo del centro y pensando en ambas prácticas teatrales relaciono su hacer en los tiempos presentes del año que termina, ambas cerraron temporada a finales del caótico noviembre; ambas obras de autoría femenina con varios siglos de diferencia. Ambas tensan un discurso criollo en una construcción encabalgada entre diversas formas de discriminación, y en las dos hay una reflexión sobre la nación, para la monja en el origen y en Rumor se confronta su construcción como nación, es en este mismo posicionamiento el que se tensa su discurso, ya que desde el espacio negado que le ha sido asignado por la dominación colonialista que aún nos precede, aparece la pugna por hacer respetable una condición atípica de la víctima.

Si bien en las últimas décadas hay muchas obras que describen la violencia de este país, lo que diferencia esta unión es que casi siempre los directores asumen sus relatos como literales, como si acercar lo más posible a los documentos de las víctimas o el victimario los hiciera más válidos. Pero casi nunca se preocupan por evidenciar la impotencia de no ser escuchadas.

Ambos universos teatrales fueron parte del convivum cultural en el centro de la ciudad, completando una cartografía receptora de voces subalternas en diferentes épocas, yo con mi cuerpo imbuida en la realidad social de las últimas semanas, salí del teatro, a seguir viendo los cuerpos sociales y culturales que se alertaban en las manifestaciones y me preguntaba: ¿cómo puede un país vivir sin perdonar a los que nos hacen daño, a esos otros? ¿desde qué parte del cuerpo comprendemos este nuestro miedo, el linaje de violencia que nos antecede desde hace tanto siglos? y ¿qué tanto incluimos verdaderamente en el corazón estas voces para ayudar a la comprensión del país que habitamos?

3 de diciembre de 2019
Chía – Cundinamarca

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