JORGE ARIZA

Un adiós a Jorge Ariza

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Fotografía de Jorge Ariza en escena. Cortesia de Tercer Acto.

En días pasados el teatro bogotano perdió a uno de sus más enérgicos representantes. Jorge Eliecer Ariza, actor, director y gestor teatral que centró su actividad en la localidad de Usme, hizo parte de este grupo de teatristas sin miedo que hicieron más de lo que podían por el teatro en esta ciudad.

Kiosko Teatral invitó a Luis Daniel Castro director de la Corporación Cultural Tercer Acto, para que nos compartiera unas palabras de su amigo y colega, y con mucha franqueza y cariño así lo hizo y aquí están:

Jorge Eliecer Ariza

8 de febrero de 1966 – 14 de junio de 2018

Para él, ese nombre no significaba mucho, porque decía que se lo habían puesto en homenaje al líder político Jorge Eliecer Gaitán; por ello sus amigos cercanos y en el mundo artístico —sobre todo del transformismo— era conocido como Daniel Grosso. Pero lo importante no era como se llamaba; lo trascendental es quien era y que hizo: Era un tipo solo, con tres o cuatro amigos profundos y entrañables- pues no negaba su desdén por la amistad- sin embargo, era una persona que podía escuchar largas horas las diatribas de amor, de frustración o de la vida de sus cercanos, no pensaba dos veces para tomar un bus o un Transmilenio desde Usme y venir al centro solamente a conversar. Férreo en su compromiso para con las causas sociales y muchas veces fallidas. Empezó en un taller de formación teatral en la Corporación Colombiana de Teatro, pero como poco le gustó el modelo, no siguió adelante; lo que no significo que dejara de lado el arte. Realizó cientos de talleres, pues Daniel era consiente que había que aprender para poder hacer algo medianamente decente, un hombre de pocas palabras, pero cuando abría la boca se destapaba sin pudor alguno y no le importaba dejar sin cabeza a uno que otro director o actor de las tablas. Le encantaba ver teatro, claro, del bueno, por ello ahorraba para ir sagradamente cada dos años al Iberoamericano, cuando no había plata no tenía ningún problema en “colgar jeta” esperando que alguien le diera una entrada, pues lo importante era el teatro. Esa misma pasión lo llevo a desbordarse e intentar llevar teatro a su localidad.

En Usme era un “cultural” más y decía permanentemente que allí ya todo estaba colonizado en este orden; razón que le valió una mierda y no restó en perseguir su empeño. Acudió durante varios años al sector de Teatro Comunitario y allí peleo con gritos, palabrotas y sobre todo argumentos para que el proceso de circulación tuviera como escenario la localidad quinta de Bogotá. Adicionalmente se inventó La toma de Teatro Popular a Usme, de la cual hizo cinco versiones, dándose el lujo de programar a quien se le daba la gana, y muchas veces sacando de su bolsillo para invitar la infaltable fritanga de esta región de la capital. Realizó dos comparsas en el marco de la Fiesta de Bogotá, en ellas no solo invirtió más de la cuenta; sino que mostró una vez más su terquedad y afán por realizar las cosas como a él le gustaban. En el mundo del transformismo se destacó desde muy joven; pues no tenía lio en “treparse” y trabajar por propinas en el desaparecido bar Calles de San Francisco o en La tasca; luego se dio cuenta que la “Payasada” —como llamaba a este trabajo— gozaba de aceptación por lo que se preocupó por montar personajes como Las descarriadas, un par de hermanas ordinarias y boquisucias, junto al también artista Mauricio Alemán, con las cuales tránsito por bares, tabernas y sitios de ambiente a nivel distrital y nacional. Tita, personaje con el cual participó en la versión de Los Victorinos de Telemundo o la Celia Cruz. Obviamente la entrañable Petronila una sirvienta de uniforme y delantal con acento campechano, que tenía una lengua de temer y que todo el tiempo vivía en función de hablar mal de sus patrones. Estos personajes no solo fueron una excusa para “facturar”; también ayudaron como plataforma perfecta para llevarlos al teatro y hacer una crítica de nuestra realidad nacional.

Ese era Jorge, un tipo flaco de risos alborotados y que casi siempre llevaba una maleta en la que cargaba una agenda y un esfero, por si se ofrecía escribir algo. Pero más allá de esta formalidad, cargaba en su vida sueños, ilusiones y proyectos como: el construir una pequeña sala de teatro en el tercer piso de su casa en el barrio la Aurora, pues él, no pensaba en función de su vida, de su bienestar, proyectaba todo en relación al arte, al teatro, a ese espacio que consideraba requería cada barrio, cada sector popular de Bogotá, como medio para hacer de la vida un escenario menos hostil, un mundo lleno de luces y colores, con la fantasía y la “película” que se montaba cada rato para ser otro, otra, y poder con ello disipar gran parte del vacío humano que le rodeaba.

 

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